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El Incontenible Avance del Dominó


Tal y como tuve la ocasión de poner de manifiesto hace algunas semanas, la caída de Egipto – la pieza clave – permitiría una aceleración inusitada del proceso de cambio en toda la región, sin que ningún país o régimen pudiese considerarse a priori a salvo o blindado del contagio. El estancamiento y la deriva de la cuestión libia hacia la guerra civil deriva de factores internos: desestructuración interna del país, que tiene una base tribal y escasa cohesión, y que sólo podía mantenerse unido por la fuerza de un régimen dictatorial o de un imperio extranjero. En ese brete, no ha habido unas fuerzas armadas que apoyen a la nación frente al dictador – acción tipo 25 de abril o, más inmediatamente, El Cairo -, sino que se han dividido según su etnia en pro o contra Gadaffi, empeorando las perspectivas de una salida dialogada de la crisis. Ahí están, empero, haciéndose muertos y heridos, y destruyendo al país y sus infraestructuras. Porque de lo que nadie duda es que los países antes llamados ricos, colonialistas o imperialistas vayan a hacer algo más que lanzar algunos misiles en pro de una guerra tecnológica de reequilibrio de facciones. Nadie mandará un soldado ni de visita con un bocata en la mano para un niño. No está el horno para bollos, y nunca mejor dicho. A estas alturas, ignoro qué perspectivas tiene la acción militar occidental, si tiene alguna, porque Gadaffi y los suyos pueden aguantar bastante a los aviones. Y los rebeldes no tienen fuerza suficiente como para dar el asalto definitivo, ni con la fuerza aérea occidental. En fin, ya veremos. Lo único seguro es el progresivo agravamiento de la factura de muertos, heridos y riqueza – la que haya – del país destruida, como decía hace unas líneas.

El dominó no ha hecho sino calentarse y multiplicarse. La situación en Yemen es insostenible. El presidente Saleh tiene que irse, no le quedan apoyos. Bien mirado, la situación ahí es mejor. La tasa de muertos ha sido más limitada y casi no le quedan apoyos militares. Por ello, el cuadro empieza a parecer el de Túnez o Egipto., con algunas peculiaridades. Primero: Yemen está en la puerta del Mar Rojo, por donde entrarán estratégicos petroleros rumbo del canal de Suez. Segundo, el país está frente a Somalia, estado fallido bien conocido por ser la “costa pirata” más activa del mundo en este momento, que inestabiliza uno de los puntos más sensibles para el comercio mundial. Dos razones de peso para que el mundo se cuestione con toda seriedad qué tipo de gobierno se instala en el país. La peor de las hipótesis: un estado fallido y caótico, con proliferación de bandas de piratas drogados, permitiría el casi cierre efectivo del golfo de Adén. La segunda de las hipótesis podría contemplar el conflicto religioso. La población del país – casi 21 millones – se divide al 50% entre chíies y sunníes. Cualquier conflicto – como sucede en otro de los países en litigio, Bahrein, – obligaría a intervenir al todopoderoso vecino de la zona, Arabia Saudí, y a enfrentarlo con otro todopoderoso vecino de más al norte, el díscolo Irán, que ya tiene soliviantado el conflicto de Bahrein y su propio conflicto interno. La caída de toda la península Arábiga en el fuego de la revolución, mezclando ansias de libertades, conflictos interreligiosos, cuestiones internacionales o predominios locorregionales, obligaría a mover ficha a un ahora renuente Estados Unidos, abrumado por su deuda y sus gastos militares. Ocasión ideal quizás para que a China se le ocurra decir algo. Podríamos ver el petróleo alzarse a niveles insólitos, frustrando toda expectativa de salir de la depresión en Estados Unidos y Europa. Y tal vez los parados en ciertos países decidan que ya está bien. Verán, que puestos a ser catastrofista, no me gana nadie, pero que la situación admite todas las derivas posibles.

Porque otro punto caliente al norte es Siria, como están viendo. El dominó implacable del telón de arena toca la cuna de Saladino, donde se asienta un régimen laico, una dictadura implacable. Las primeras protestas se ahogan en sangre, pero las fuerzas armadas aquí no vacilan en su apoyo al régimen. El poder y la milicia es una cuestión familiar. No habrá un ejército salvador que reparta claveles. Repartirá tiros sobre una población que se levanta animada por los muftíes chíies contra un gobierno laico brutal dominado por los sunníes, organizado como casta familiar en la cúpula. E Irán cerquita y con problemas internos. Lo curioso, como me he planteado otras veces, es el doble rasero de lo que llamamos Occidente. El-Assad ha ordenado que se dispare contra multitudes indefensas y ya tiene su factura en muertos y heridos. Me pregunto si los resortes para que la ONU dictamine y se intervenga son un número concreto de muertos, o el empleo de artillería o la aviación, o el empleo de armas químicas, o la existencia de ricos recursos naturales en el país que ciertos países con voz y voto en el Consejo de Seguridad quieran controlar o manejar o, simplemente, que el dictador a abatir tenga información privilegiada sobre uno de los gobernantes occidentales que le haga especialmente incómodo. En cualquier caso, ese Occidente en el que vivo, al que pertenezco y de cuya prosperidad me beneficio todos los días se me aparece cada vez más como algo relamido, hipócrita y tan podrido como los regímenes que trata de castigar.

Lógicamente nuevas fichas del dominó se preparan, listas para el temblor. Tenemos protestas en Jordania y ya tuvimos manifestaciones en Marruecos, del que tuve la ocasión de escribir hace algunos días (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/03/notre-ami-le-roi.html).  ¿No les parece la trama para una buena novela? Tal vez más adelante. Ahora les voy a dejar con una que les afecta más directamente: las mentiras de los líderes de opinión a sueldo de la industria farmacéutica sobre los nuevos lanzamientos medicamentosos. El e-Book es gratis.

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