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El FMI, España y sus problemas de siempre

Los últimos informes del FMI suponen un jarro de agua fría sobre nuestras expectativas de recuperación. Probablemente el FMI nos quiere mal o le caemos gordo. La solución es, por tanto, promover su disolución, por ente inhumano o antisocial, alejado de las crudas realidades de Entrevías o las Tres Mil.

Probablemente todo sea algo más complejo. La deconstrucción de una economía ficticia y subvencionada, de una terrible burbuja inmobiliaria alimentada con la creencia psicológica colectiva de que los bienes inmuebles no bajaban nunca y de que su revalorización iba en progresión geométrica, bajar a tierra de la nube puede ser terriblemente doloroso, por mucho que nos peleemos a garrotazos si bajar por el lado derecho o izquierdo de la escalera.

Todo era mentira. La pregunta es si se lo olió alguien. Las hemerotecas dicen que sí, que varias voces (y no necesariamente expertas) registraron las profecías a tiempo: esto no podía durar. Pero no culpen ahora sólo a políticos y banqueros: nadie a pie de calle quería creer a los agoreros; nadie o casi nadie le hizo ascos a la fiesta colectiva. No se sorprendan: es antiguo. Nadie quiso creen a Casandra cuando advirtió que la retirada de los atenienses era un camelo y que ese caballo de madera plantado frente a los muros de Troya albergaba una trampa mortal en su seno.

No se extrañen que el FMI, nuevos agoreros, nos profeticen un largo peregrinaje por el desierto. Todas las fiestas hay que pagarlas. Y con intereses. España está llena de casas nuevas sin vender y el FMI dice que no hemos bajado suficientemente los precios. De nuevo, los agoreros. En su momento se habló de una sobrevaloración de un 40 a un 50%. Nadie se lo quiso creer y nos instalamos en la idea de que padecíamos una gripe. Nadie vende sus activos a bajo precio. A esperar. Ya remontará. Pues ahí vamos. Dicen los del FMI que nos espera un descenso adicional de un 15% en el precio medio de los activos inmobiliarios. Lo que calcularon los agoreros, más o menos.

Sólo que, aquí, la cosa tiene varios efectos: una banca noqueada (eso dicen), cargada de inmuebles que no puede vender y que – todavía – se niega a depreciar para salir velozmente del problema y una morosidad récord y lo peor, mantenida en el tiempo. En el contexto macro europeo y en plata: ni un gordo para prestar a emprendedores. No se crea empresa y la que está en dificultad temporal, cierra. Más gente en la calle, sin cotizar, sin capacidad de consumo o en riesgo de exclusión.

Segundo: una proporción sustancial de la ciudadanía literalmente atrapada por préstamos hipotecarios a muy largo plazo adquiridos en las épocas de vacas gordas de los que no puede librarse de modo alguno. Como media, sus casas valen un 30% menos que cuando las compraron. Vivir asfixiados. Pagar como sea, dadas las peculiaridades de la Ley Hipotecaria Española, de un siglo de vigencia. Resultado: mientras trabajes, pagar la hipoteca y poco más. Ni un gordo para el consumo. Y no pierdas el trabajo. Entonces, la banca y la Ley te aplastarán sin misericordia enviándote a la exclusión social.

Tenemos todos los elementos para pensar que no hay salida real o palpable en una década o así. Que habitaremos un mundo precario, frágil, con una proporción muy importante de nuestros conciudadanos o conciudadanas viviendo en los límites de la pobreza o la pobreza misma. Bajará la población (en un tuit propio contestado por Joan Carles March, me atreví a dar la cifra: 45,9 millones de habitantes en España a fin de 2015), de pura desesperación o a la búsqueda de mejores horizontes.

Termino contrastando el sentimiento que me embarga hoy con el que experimentaba el joven que fui a los veinte años cuando se firmaron los acuerdos de ingreso en la UE (entonces Mercado Común). Todo entonces invitaba al optimismo, a la esperanza. España salía de una postración centenaria para integrarse en el mundo que le era propio y participar. Y, en proporción a su peso, decidir. El tiempo transcurrido permite ya analizar si esas ilusiones y las inversiones sobrevenidas se canalizaron adecuadamente. Y si nuestros mecanismos institucionales y democráticos evolucionaron adecuadamente. Y si todo ello dio argumentos para recalcar una constante advertida en el gobierno de las Españas en el siglo XVII por observadores extranjeros: la estupidez española.

2 thoughts on “El FMI, España y sus problemas de siempre

  1. Federico Relimpio says:

    Gracias por el interés y la participación. Evidentemente el problema no es sólo el FMI. Y de acuerdo: es mucho más serio. Pero si es fundamentalmente la clase política, la solución es fácil. La dio Saramago: voto en blanco masivo. Al 98% (menos ellos mismos). Nuestros políticos (con la UE) crearon una economía ficticia. Buena parte de lo generado desde los ochenta es simplemente mentira. Hemos destrozado nuestro tejido empresarial – industrial. Pero todos nos creímos el "ya estamos en Europa" y "tenemos la moneda y los sueldos de los Alemanes". Era mentira. Baja de ahí. Y gestiona el destrozo. Claro que hay muchas formas de gestionarlo, claro.

  2. Anónimo says:

    Federico, el problema no es sólo el FMI. El problema es mucho más serio: Reside en la clase política, erigidos en verdaderos "Napoleones" mientras el resto de animales de la granja animal estamos con la soga al cuello. Se enriquecen y nos exigen "sacrificios", mientras ellos beben gin-tonics a precios irrisorios, o cobran dietas escandalosas, o reciben sobres de dudosa procedencia, o "redistribuyen" los fondos de los EREs, o mantienen la estructura de la paragestión en detrimento de los trabajadores públicos… Puedo seguir con muchísimas cosas más, como la impunidad o la corrupción de la justicia, pero mejor me quedo aquí con la cuestión de los políticos.

    Esta crisis no afecta sólo a las hipotecas o los que tienen (o tenemos) esa especie de pacto con el diablo. Afecta a la clase media y baja, a la sociedad en su conjunto. Supone arramblar de un plumazo con la investigación, con la sanidad, la educación… Mientras las grandes empresas y lobbys se enriquecen (Cosa que no acierto a comprender: si no hay dinero, ¿De dónde salen los beneficios trillonarios de los bancos y demás, causantes por otra parte de este desaguisado? Llámame malpensado, pero creo que de nuestros sacrificios, que no están sirviendo para salir de la crisis, sino para su vil enriquecimiento). La culpa de la crisis puede que sea compartida, pero… ¿De quién es la culpa del mantenimiento de la crisis? Según el FMI y su versión tratadoversallista, nuestra (La población), por ganar demasiado y pagar poco (¿Recordamos la media de salario española versus la europea? Los precios ya son similares…). Nosotros tenemos que pagar los costes completos de la guerra y las "reparaciones", mientras que los responsables verdaderos o están regocijándose de lo bien que les ha salido el negocio con pingües beneficios u ocultos en Holanda tras la abdicación. Nos quieren condenar a la inflacción y el paro, y si no pagamos, a invadir la cuenca del Ruhr… En los mercados, claro. Y ya sabemos lo que pasa con las presiones excesivas.

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