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El Discurso del Presidente (de una idea de Fernando Villamil).

Jueves, 14 de Mayo del 2009. 22:00 horas. Palacio de la Moncloa, Madrid.

-Señor Presidente, está usted en el aire, cuando usted quiera…

-Ciudadanas y ciudadanos de España, queridos compatriotas…

Creo que no desvelo nada nuevo si comienzo esta intervención diciendo que la situación de nuestro país ya no merece el calificativo de preocupante. Podríamos estar mucho tiempo buscando la palabra adecuada, pero creo que, en este momento, es justamente tiempo de lo que carecemos y no me parece adecuado ni admisible pedir un minuto más de paciencia a los españoles. Así que llamaré a la situación simplemente crítica y pasaré al punto siguiente.
Es mi deber como político rescatar el honor tiempo ha perdido de mi profesión, sea para tantos compañeros de mi partido, sea de la oposición, sea de otros partidos que intentan dar un servicio digno a la ciudadanía de este país. Y lo haré reconociendo en esta intervención que me he equivocado. En concreto, debo reconocer que ignoré o no tuve en debida cuenta las voces que oportunamente me avisaron que el tren económico sobre el que caminaba nuestra economía tenía unos raíles de barro. En segundo lugar, reconozco ante ustedes que ignoré o no tuve en cuenta las voces que oportunamente me aconsejaron acerca de la magnitud y el calado de la crisis financiera en 2008, permitiéndome y permitiéndoles en primer lugar dudar de su existencia, y en segundo lugar retrasar la toma de una serie de medidas que en algo hubieran amortiguado su impacto sobre la terrible ola de desempleo que hoy forma parte de nuestra dolorosa realidad. Empeñado como he estado en la extensión de los derechos civiles, he errado en la valoración de que tras ésa que sigo considerando noble idea debe existir necesariamente el respaldo de una enérgica y resistente economía, cuyas flaquezas no supe valorar en tiempo de bonanza ni mucho menos proteger en tiempos de crisis.
El áspero reconocimiento de mis carencias como gobernante me pide de inmediato presentar la dimisión ante el Gobierno, el Parlamento, el Pueblo Español y mi partido. Y ello haría de inmediato caso de existir una alternativa para mí creíble capaz de corregir el torcido rumbo de la nación, bien en mi mismo grupo parlamentario, bien en la Oposición. No lo veo así, sin embargo. 
Debo subrayar una vez más la crítica situación de las finanzas de este país. Víctimas como hemos sido de una catástrofe financiera importada que no hemos creado ni generado, hemos tumbado de un plumazo un sector clave de la economía, como el inmobiliario, con todas sus industrias auxiliares. Ello ha generado una profunda espiral de desempleo, impagos y morosidad que se ha ido alimentado de modo creciente, favorecida por el cierre del crédito. Y no niego, ya lo he dicho, los errores propios. Sólo que mi deber y mi responsabilidad me obligan a transmitir a los españoles que mi error fue pensar que podía seguir administrando básicamente como en 2007, con retoques cosméticos o pequeños ajustes. 
Hoy tengo que comunicar a la ciudadanía que evitar la bancarrota nacional y, por tanto, que sigan funcionando servicios públicos básicos, como los hospitales, las escuelas, las fuerzas de seguridad y todo el entramado básico que permite nuestra convivencia exige un brusco giro en mi política económica y un doloroso ajuste que debo explicar públicamente. En los días sucesivos, los responsables del gobierno presentarán los detalles al Parlamento en este sentido, para su conocimiento y aprobación. Comparezco de este modo asumiendo toda la responsabilidad ante el error y la emergencia, reconociendo el daño, proponiendo soluciones y dando públicas explicaciones, como hago en este momento.
Pero personalmente considero que decir «erré, no dimito, corrijo y he aquí mi persona y mis soluciones» es muy poco para una ciudadanía maltrecha. El cuerpo social cuya confianza obtuve para gobernar este país en 2008 tiene razones de sobras para cuestionar su opción o, en todo caso, las soluciones que ofrezco a mediados de este viaje. Es por ello que, asegurado el funcionamiento de lo público mediante un ajuste inmediato que nos evite la suspensión de pagos, considero mi deber disolver el Parlamento, convocar elecciones generales y presentarme ante el Pueblo Español para revalidar el mandato o, en su caso, que las urnas se lo otorguen a una mejor opción en esta difícil situación. Aprovecho, pues, para pedir de nuevo su confianza y les pido fortaleza y solidaridad ante la adversidad.
Buenas noches y buena suerte.

***
¿Qué hubiera pasado en esas elecciones generales anticipadas en otoño de 2010? ¿Habría revalidado Zapatero su mandato? ¿Habría cambiado el curso de la historia? ¿Habría evitado la debacle y laminación electoral que probablemente espera al PSOE, con una larga travesía por el desierto?
Estas historias – ficción sólo sirven para reflexionar un poco. Tal vez constituyese el núcleo de una buena novela. A falta de otra mejor, les voy a dejar la mía propia que versa acerca de los avatares de la medicina moderna, entre la industria farmacéutica y la gestión sanitaria. Consígalo mediante este enlace:

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