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Dos Mujeres.

Un país. Y en el país. una ciudad. Y en la ciudad, un barrio cualquiera. Allí viven y trabajan dos mujeres: Maru y Maite. Desgraciadamente, las dos van a vivir historias paralelas. Historias tristes, nada extrañas en los tiempos que corren.
Hoy Maru y Maite fueron insultadas. Una fue «pedazo de guarra» y la otra «hija de puta». Las dos se ganaron una sonora bofetada que las hizo temblar de pies a cabeza. Una empezó a sangrar por la nariz y la otra vio volar las gafas hasta estrellarse en la pared. Las dos vieron volcar violentamente la mesa donde trabajaban. Y las dos tuvieron que salir de donde estaban pidiendo auxilio.
Las dos fueron agredidas por un hombre. Un hombre al que conocían bien, un hombre con el que tenían una relación.
Y ahí se acaba el parecido entre las dos historias. 
Los gritos de Maru fueron escuchado por su vecina Pepi, que la acogió en su casa y llamó prestamente al 112. Se activó un eficaz dispositivo institucional de protección que sacó esposada a la bestia del domicilio, y ahora tiene una orden de alejamiento, en espera de juicio.
Maite… No. Lo de Maite es otra cosa, según parece. Porque la «relación» que la unía «temporalmente» con el agresor es profesional. Maite es médica de un Centro de Atención Primaria y simplemente se negaba a prolongar la baja por enfermedad al susodicho. Maru tiene leyes específicas y una justicia ad hoc desde 2004 (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/04/ley-de-violencia-de-genero-en.html). Maite, mujer de la misma edad que desempeña un trabajo de elevado valor social y sanitario, sometida a una agresión del mismo tipo por un hombre de la misma edad del agresor de Maru, ha visto que este tipo de agresiones han tenido la tipificación de faltas hasta ayer por la mañana. Sólo recientemente, viendo las administraciones sanitarias el cariz que toman los acontecimiento, se ha modificado la tipificación pasándolo a delito y gravando penas e indemnizaciones. Indemnizaciones que serán impagadas en su mayoría, dado el estado de insolvencia de la mayor parte de los agresores y penas que, o no se cumplirán, o quedarán en casi nada, permitiendo volver al susodicho a mostrar su sonrisa cínica a la agredida como soltando eso de: «¡Cuidado conmigo!». Nada que ver con el tratamiento que tiene el maltrato de género aplicando la legislación vigente. 
Y yo digo… ¿No son mujeres las dos? ¿No se les maltrata o agrede de igual manera en ambos casos? ¿Por qué en un caso se les proporciona una más que justificada armadura institucional y en el otro se le proporciona el abandono habitual que es en España la justicia ordinaria? (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/03/una-democracia-la-pata-coja.html) ¿Es que las asociaciones feministas están dispuestas a permitir este distingo, cuando la Atención Primaria – enfermeras y médicas – está ya mayoritariamente en manos de mujeres? 

Enlace relacionado: http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/09/agresiones-sanitarios-por-mi-culpa-por.html

Mis cosas, en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

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