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Desde luego, son listos los alemanes.


«España es un caso especial, porque produce mucho capital humano pero lo usa de forma ineficiente. La sobrecualificación de los jóvenes españoles duplica la media europea, y si no encuentran trabajo es mucho mejor irse a Alemania o a Reino Unido a trabajar de lo suyo que la frustración de quedarse y ver que van pasando los meses y nada. Además, la gente que se pasa mucho tiempo trabajando en un empleo por debajo de cualificación lo acaba aceptado como algo natural. Es un mecanismo psicológico muy sencillo y pernicioso por el que vas adaptando tus expectativas a la baja. Saliendo fuera y probando otras cosas se puede evitar».

José García-Montalvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra.

Puede que nuestro sistema educativo esté mal valorado y sea de lo más criticable (http://tontosantajusta.blogspot.com/2010/12/teneis-alguna-duda-feliz-ano-nuevo-ii.html). Pero de lo que a nadie cabe la menor duda es que permite parir excelentes ingenieros, arquitectos, investigadores, médicos, etc. A lo mejor, fracasa dando niveles aceptables de lectoescritura, gramática y matemáticas al conjunto de la juventud. Pero fabrica bien las élites. Y no es que lo diga yo. Es que mira cómo las aprovechan por ahí.

Y ahí voy. 

Si este país quiere ser algo más que una reliquia o un parque temático, tiene que proceder a una profunda reinvención de si mismo. Pues vaya perogrullada, estará usted diciendo en este momento. Permítame que le contradiga. Hay obviedades que necesitan ser abiertas y explicadas. Remachadas. A veces, no son tan obvias.

Primer dogma: «estudiar es un placer». El conocimiento da placer y el desarrollo de profesiones intelectuales es tan satisfactorio que conlleva compensaciones emocionales, capaces de sustituir una remuneración baja o insuficiente. Desde luego, la propuesta no deja de ser atractiva. Y es particularmente útil para la construcción de una sociedad igualitaria.

Bajemos a tierra y volvamos a nuestras escuelas superiores y facultades, en cuya crítica no voy a detenerme hoy. Pregunte a nuestr@s muchach@s acerca del éxtasis cognoscitivo constante en el que se encuentran de septiembre a junio y cómo despiden apenad@s el curso para sumergirse en la mediocridad de las vacaciones. Pues no, mire usted. La ridiculez y la mediocridad de la formación superior en nuestro injustamente querido país hace recaer toda la excelencia sobre largas horas de ansiedad, memoria, codos y flexo por parte de nuestros jóvenes, que llegan exhaustos y desilusionados al final de sus licenciaturas – o grados, como se quiere decir ahora -. Que estudiar no es ningún placer, vaya. Que en este rincón del Mediterráneo, estudiar es simplemente un desesperado intento de hacer algo menos probable el desempleo o el subempleo al que toda una generación parece condenada de antemano.

Sigamos en tierra un ratito. Dejen de hablar ustedes con las élites responsables, todas ellas lastradas con inconfesables conflictos de interés. Tengan curiosidad y hablen con los indios, los de abajo, y sobre todo cuando llevan poco tiempo. Les hablarán frecuentemente de precariedad aquí y allá, de mileurismo, de jornadas agotadoras, de ser el / la chic@ para todo… Pero, con todo, no les habrán dicho lo peor. No les habrán hablado de la mirada cínica y prepotente del que les contrata y les maneja. No les habrán dicho nada de cuando se les remacha un día y otro con una sonrisa cruel: «Esto es lo que hay; si no te gusta, ahí está la puerta, que tengo una cola esperando…» No les habrán contado que lo peor no es trabajar sin descanso en lo que sea, no. Lo peor es ser tratado como un simple fungible, como una pieza de recambio.

Así que empezamos hablando de aquello de «estudiar es un placer» y de lo otro de las «compensaciones emocionales». Y yo llego a la conclusión de que evidentemente tenemos una juventud masoquista. Es que si no, no me lo explico. 

Desde luego que son listos los alemanes… Sólo a ellos se les podía ocurrir. Llevan veinte años dándonos dinero. Entre muchas cosas – no voy a entrar en eso ahora – hicimos autopistas para que circularan los coches alemanes que todos compramos en la buena época. Ingeniería alemana a su alcance, como decía el slogan publicitario. Lo más gracioso es que, veinte años después, esa ingeniería alemana, que España seguirá consumiendo quiera o no, será concebida y desarrollada con cerebros made in Spain. Y a pique de llevarse todo lo que aquí luzca un poco en cualquier profesión. Y que ya no nos dan más dinero. Al fin y al cabo es lo que decía Hitler: son el herrenvolk (el pueblo de los señores). Y lo que el nazi no pudo hacer con los pánzer y la esvástica se está haciendo ahora de otro modo. Claro que esto sí que es una exageración.

Estoy con Ignacio Camacho: no somos Grecia, ni Irlanda, ni Portugal… Pero desde luego lo que no somos es Alemania (http://www.abc.es/20110114/opinion-colaboraciones/abcp-alemania-20110114.html). 


En fin, para hacer más agudo el contraste, les propongo la lectura de mi primera novela, que va precisamente de eso: de la fineza con la que este país quiere despachar toda pretensión de excelencia, en este caso en el campo de la medicina pública. El e-book es gratuito y todos me comentan que está de lo más entretenida. Enlace:
http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion

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