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Desahucios

La agónica prolongación de lo que será sin dudas conocido como la gran depresión del 2008 estraga y destruye el tejido social de nuestro país. Sobreendeudados para adquirir el preciadísimo bien de la vivienda, en un país sin parque ni mentalidad de alquilar, acostumbrados a que la vivienda siempre suba, vivimos muchos la aterradora experiencia de la quiebra familiar en cadena ante el desempleo explosivo, agotamiento de prestaciones de desempleo, reservas o ayudas familiares y fatales ejecuciones hipotecarias. Desahucios, en otra palabra. Fracasos humanos de los que algo va saliendo en la prensa. En un país con otra transparencia, ya tendríamos una medida concreta en términos de incremento de la suicidalidad, lo que al menos nos permitiría adquirir una mejor conciencia de las repercusiones de lo que viene sucediendo. Pero la lluvia que cae no es fina, es chaparrón y el río hace tiempo que sobrepasó los diques de contención e inunda calle, campos y carreteras. Y lo que es peor, el parte del tiempo no anuncia bonanza, sino todo lo contrario, el advenimiento de nuevos frentes. Vamos viendo ya familias en los coches aparcados, vuelta a los viejos pisitos de los abuelos – a extender colchones aquí y allá y sacar raciones de papas y garbanzos de una olla inmensa – y otro tipo de estampas de antaño que se nos colocan en la prensa bajo nombres más fríos, como exclusión o marginalidad.

Sin embargo, debemos recordar que el poder público tiene obligaciones al respecto. Si tiramos de la Carta Magna y nos vamos a su artículo 47, leemos cosas muy concretas

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.
Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas
pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo
con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las
plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.” 

Si este artículo y otros de la Constitución han sido vilmente ignorados por la neo-aristocracia que corona las cúpulas dirigentes de la partitocracia reinante en España, se abre un dilema de calado:

1) Se exige la aplicación de la Constitución del 78 en sus aspectos más sociales, como el expresado, o
2) Entramos en período constituyente y escribimos una nueva Carta Magna, con ánimo de evitar que sea papel mojado.

Enlace: http://tontosantajusta.blogspot.com.es/2011/05/preguntas-los-acampados-en-las-plazas.html

Mis cosas, en twitter…

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