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Del Ébola, Liderazgos y Cantamañanas…

Desafección. Casta. Deslegitimación de la Democracia representativa. Les suenan estas palabras, ¿Verdad? Las venimos leyendo u oyendo con mucha frecuencia. El problema es que tal vez deberíamos oírlas más todavía. Porque, pese a quien le pese, parte de las denuncias sobre lo que se sustenta el discurso – y el voto – de Podemos y otras opciones son hechos duros como piedras. Otras cosas son las soluciones aportadas.
Saltemos ahora en la Historia, si me lo permiten. No se me vayan, que tiene relación con el tema. Sé que muchos de ustedes cuestionarán a los grandes militares de épocas pretéritas. Y les replicaré que su figura sólo puede ser comprendida dentro del contexto en que vivieron. Pero, fuera ya de ese debate, es posible proponer que lo que hace resaltar a un César o un Alejandro dentro del trasfondo general es que conocían de cerca a sus soldados. Marcharon con ellos. Lucharon con ellos. Padecieron con ellos. Conocían a muchos por su nombre. Padecían frío si ellos lo padecían. Y, por todo ello, los soldados confiaban en ellos. Es época pasada y así se construyó la Historia. Esto da para mucho más – muchos más matices -, pero yo voy a otra cosa.
Otro salto, pero ahora para acá. Les suplico que se queden, que no me voy por las ramas. Al final verán el sentido que tiene todo. Más recientemente, ha sido tema de debate la actitud de Pío XII – ¿”El Papa de Hitler”? – durante la Segunda Guerra Mundial. Viendo “Amén”, de Costa-Gavras, por segunda vez, me planteaba yo qué prestigio hubiera ganado la Iglesia Católica si Su Santidad hubiera desafiado todo obstáculo – mintiendo si hubiese hecho falta – y se hubiese plantado sin previo aviso el lunes 18 de octubre de 1943 en la Estación Tiburtina, vestido de blanco, exigiendo que él iría allá donde fueran los 1030 judíos del Colegio Militar Italiano de Roma. Que uniría la suerte del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica al destino de estas personas… ¿Qué habría pasado?
Imagínense la cara blanca del oficial de las SS al mando, incapaz de articular palabra, deteniendo el tren y comunicando con su superior, y éste con otro, y éste con otro más arriba hasta llegar al Führer:
“Mein Führer…  der Papst ist auf den Zug!”
Ejemplo y contraejemplo. Todos discutibles y todos probablemente inadecuados. Y volvamos por fin al presente, de lo que hablamos. Desafección. Casta. Deslegitimación.
Imagínense que, en medio del follón del Ébola, en vez de decir sandeces y meter la pata, la señora ministra de Sanidad, señora Mato, y el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, señor Rodríguez Rodríguez, se hubiesen acercado al Hospital Carlos III – rey asociado para siempre a mejoras sustanciales en la Villa y Corte -. Que hubiesen recibido en persona la breve charla de las normas elementales de cómo tratar a un paciente sospechoso de padecer Ébola. Que se hubiesen probado los trajes de buzo. Que hubiesen dicho: “¡Qué calor, coño!” Y que, con las escafandras puestas, se hubiesen adentrado en los jodidos lazaretos donde ni limpiar quieren las sufridas trabajadoras de las contratas. A decirles que entienden lo más humano que hay: el canguelo o la jindama. El miedo a espicharla. Lo llevamos en los genes y en la memoria colectiva, porque sobrevivimos a la gripe “española” del 18 y antes, mucho antes, procedemos de aquéllos que sobrevivieron a la famosa peste negra de 1348. Y luego, bien protegido, abre uno la puerta y entra en contacto directo con los que cuidan a los enfermos. Y si alguno tiene conciencia de cristiano o ciudadano – lo que mejor se le aplique a cada cual -, a sentarse un ratito al lado del enfermo. Haciéndolo así, según dicen los expertos, el riesgo de contagio es ínfimo.

Denle nobleza a su trabajo y un poco de casta a un menester que, de tanto bañarse en la porquería -sin traje de buzo -, ha terminado por asociarse con el concepto hindú de casta. Pero no a la de los parias, precisamente. En fin, era sólo una sugerencia. Creo que se pierden una oportunidad. Aunque, bien pensado, el brete estaba perdido de antemano. Iba en la condición humana, que parece últimamente reacia a crear liderazgos. Más bien prefiere fabricar cantamañanas. Toros mansos, cojitrancos, sin trapío ni casta. Parece ser la extraña crónica de una corrida ideal para los antitaurinos. La corrida de “La Casta”. 

@frelimpio

2 thoughts on “Del Ébola, Liderazgos y Cantamañanas…

  1. Federico Relimpio says:

    La Democracia conoce épocas oscuras, sin duda. Pero de las cenizas salen cosas buenas. Primero, una toma de conciencia generalizada de lo que es y debe ser la política. Segundo, dotarnos de mecanismos para reconocer a aquéllos que quieren servir al bien común durante una época y ponerles los controles para que no se salgan de madre. Gracias por el interés y la particpación.

  2. Anónimo says:

    De donde no hay no se puede sacar. De donde sólo hay despilfarradores de tarjetas opacas, de expertos en EREs y de políticos "de carrera"… No se puede sacar un líder. A un líder se le reconoce por sus actos, no por sus discursos grandilocuentes, o por escurrir el bulto. Y en España, lamentablemente, no hay ninguno. Hay muchos, muchos (Pero muchos) impresentables.

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