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¿Déficit de Estado? ¡Cuestión de Valores!

Los hechos son tozudos. Helos ahí, firmes como rocas. Como el drama crónico del desempleo en mi querida Andalucía – tranquilos, hoy eso no toca -. Cuando quise estudiarme en Historia Contemporánea la Revolución Industrial, el manual al uso me ofreció la teoría de los círculos concéntricos: primer área de riqueza en torno al Canal de la Mancha – Sur de Inglaterra y Norte de Europa extendido al área antiguamente dominada por la Liga Hanseática, segundo área en torno al Mediterráneo y tercer área al este, países eslavos, la Gran Rusia y Balcanes. 
El mundo ha cambiado muchísimo desde entonces. Terció la modernización y pujanza del Extremo Oriente e India, la independencia y liderazgo de los Estados Unidos y, por último, la adquisición de la democracia y una situación de bonanza y emergencia por parte de las naciones que componen América Latina. 
Pero Europa no. Europa quedó fragmentada. Evolucionó, cómo no. Se enriqueció. No íbamos a quedarnos en el tiempo del cólera y la tuberculosis. Pero parece que la convergencia fue imposible. Y fíjense la de cambios que ha experimentado el mundo. Tantos años después del primera Comunidad del Carbón y del Acero y de la firma del Tratado de Roma, después de varias generaciones de líderes europeístas – con diferentes convicciones, todo hay que decirlo, que mucho hay de Schuman o Delors a Ángela Merkel -, después del éxito en la superación de la Guerra Fría, en la reunificación de Alemania o en la expansión al Este, todo está pendiente de un hilo debilísimo.
La ola de sucesivas quiebras o seudoquiebras nacionales encubiertas que se ha ganado Europa nos redescubre este mundo de círculos concéntricos trazado desde la segunda mitad del siglo dieciocho – e incluso más allá, desde el mercantilismo del siglo anterior – y pone en evidencia el fracaso de la convergencia europea basada en los fondos de ayuda al desarrollo. Es un venir a decir, más o menos, ¿Veis como los irlandeses son memos? o ¿Veis como nuestras suspicacias respecto a la UE son correctas? – como siempre pensaron los británicos -, o mejor, ¿Veis como el amplia zona comprendida por toda la Península Ibérica, casi toda la Península Italiana desde los Apeninos para abajo y Grecia es un área de mala administración y gobierno, donde los subsidios acaban perdiéndose en oscuras redes de malversación o nepotismo – al fin y al cabo los sureños siempre hemos estado muy integrados en la “famiglia”-?
Es desconsolador ver que un mundo que en apenas un siglo ve a la China humillada de la excelente película “55 Días en Pekín” alzarse y comprar la deuda soberana de americanos y europeos no haya permitido generar el más mínimo tejido empresarial industrial competitivo en el Área Mediterráneo costa norte. Y es lógico que nuestros socios de allende el eje Pirineos – Alpes – Cárpatos enarquen las cejas y se planteen que ya está bien de largar euros a un pozo sin fondo de corrupción.
De todas la crisis hemos salido – con más o menos víctimas, lamentablemente -. Viendo esta crisis como oportunidad, me planteo qué salida queda al Área Mediterráneo costa norte. Propongo un diagnóstico: déficit de Estado. Ahí arriba, las leyes se cumplen. Aquí… algunas. Si hay alguien con voluntad política, poder y dinero detrás. Si no… te puedes morir de aburrimiento. Es por déficit de Estado que la gente creó un paraestado en Sicilia que se llamó Cosa Nostra, al que se recurría con toda eficacia para arbitrajes y justicias. Ese útil engendro caló en la mentalidad popular y sólo se corrompió porque se utilizó para el tráfico de drogas. En el Sur se propagó la idea de un Estado inútil y ladrón. Como se dice en Italia: “quien no defrauda a hacienda, roba a su familia”. Es en el Área Mediterráneo costa norte donde tenemos una economía sumergida con una excelente salud responsable, por ejemplo, de que en Andalucía tengamos un 31% de desempleo sin que haya habido – por el momento – un estallido social visible. Es por aquí donde circula un chiste facilón que denota los valores imperantes: “mira si Zapatero es inútil que seguro que lo echamos y no tiene donde caerse muerto”. Para llorar.
Tenemos déficit de Estado. Nuestros políticos conviven y nos hacen convivir con la idea de que es factible tener un discurso público que discrepa con sus prácticas privadas y no pasa nada (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/05/preguntas-los-acampados-en-las-plazas.html). Revalidamos mayorías absolutas con papeletas rellenas de nombres imputados en procesos por corrupción… ¡Ya nos gustaría a más de uno estar sentados en esos banquillos y llevar la vida que llevan esos potentados! ¡Incluso en sus ruinas o en sus breves pasos por las prisiones! Les firmamos todo eso. Todo para salir y disfrutar de la magnificencia del tesoro acumulado aquí o allá, bien a salvo de las garras de una justicia inerme, torpe y lentísima, en la que nadie cree (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/03/una-democracia-la-pata-coja.html). Votamos una y otra vez a un Berlusconi rodeado de unas bellísimas velinas porque, en nuestro arcaísmo de macho ibérico o itálico o qué más da, llamémosle del ardor mediterráneo costa norte, queremos ser todos chulescos, ricos, prepotentes, poderosos y, muy, muy machos, y estar chapoteando con una de esas beldades siliconadas en un jacuzzi con una botella de champán – por favor, que estoy hablando de pecados colectivos, no se me indignen de antemano los y sobre todo las que no se identifiquen con en este sistema de valores -.
Déficit de Estado. Las leyes no se cumplen… O se cumplen sólo si un macho prepotente – o una hembra rica y prepotente, que para el caso es lo mismo – tiene un buen abogado ariete, contactos y unta bien al poder político. No, erré el diagnóstico. No es déficit de Estado. Es un problema de valores. Un problema de ética social. De unas naciones que, a diferencia de las del norte, no supieron marcar distancias a la degeneración del discurso oficial de la Iglesia Romana del Renacimiento. De naciones que llegaron tarde a la racionalidad y a la ciencia. Y a la buena administración. Y a la Revolución Industrial. Al ferrocarril y las carreteras. A los parlamentos. A la democracia. Al intercambio de ideas. Naciones que se quedaron en el Arenal de mi Sevilla del dieciséis, con Rincón y Cortado. A ese pesimismo profundo que me legaron mis mayores: “Cada día media España se levanta a engañar a la otra media…”
Y lo hemos intentado remediar con subsidios o con fondos europeos. No funciona. Es cómo salir del subdesarrollo con petróleo. Hoy más que nunca, propongo una vuelta hacia el regeneracionismo de Joaquín Costa (http://es.wikipedia.org/wiki/Regeneracionismo). La salida de la crisis, la convergencia con Europa, ofrecernos un futuro digno y paliar nuestro déficit de Estado es una cuestión de ética. Primero privada. Luego pública.

Mis cosas, en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

1 thought on “¿Déficit de Estado? ¡Cuestión de Valores!

  1. borja says:

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

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