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De la Educación Pública en España

Mi apreciada Concha Caballero da unos preocupantes datos acerca de la situación de la Educación Pública en nuestro país, sobre todo puestos en comparación con los países de nuestro entorno (http://www.elpais.com/articulo/andalucia/apetitoso/bocado/elpepiespand/20110924elpand_6/Tes). La situación es tanto más entristecedora a la luz de la evolución del problema y de la actitud de algunos grupos políticos. Por su importancia, no se equivoca en el objeto de su análisis. Tampoco es que los datos presentados puedan ser contestados: ahí están, matícelos quien quiera.
Sólo pondré la pincelada que echo en falta: ¿Por qué las clases medias de este país tienen una tendencia tan acusada a huir de la Educación Pública? Concha subraya nuestro españolísimo “rígido clasismo desde la infancia”, alimentado en la cuna y blindado en la escuela. Mucho de ello hay, sin duda. Desde luego, cabe destacar que en poco ha contribuido el ejemplo de destacados líderes de la izquierda recogiendo a sus hijos de la escuela privada o concertada o peor, enviándolos a una pública “especial”, sin las carencias de la pública habitual. Por aquí en Andalucía les llamamos “institutos de los junteros”, donde a ti te cuesta oposiciones a notarías que tus hijos entren, mientras ellos se cuelan por la puerta de atrás sin que nadie chiste.
Pero, siguiendo con el hilo principal de esta nota y dejando pequeñeces a un lado, creo que Concha no toca un aspecto fundamental que subyace a esta preferencia tan española. Pero antes de seguir, alguno de ustedes se preguntará quién soy yo para hablar de esto. Y la respuesta es simple: ciudadano preocupado por el porvenir de su país y padre preocupado por el porvenir de sus hijos – perdóneseme la doble redundancia – . Y anticipándome a la pregunta que les ronda en la mente, ya contesto: sí, tengo a mis hijos en la concertada, que es casualmente la que tengo a una manzana de mi casa, sin crearnos más problemas en la vida cotidiana.
¿Y qué sabe usted de esto? Mire, leo bastante. Porque me preocupa. Y tengo muchos familiares, amigos y conocidos en la Educación Pública. Digo que algún elemento tengo para hacerme una opinión. Y estos profesionales me han transmitido un retrato – sobre todo de la Secundaria, y en unos lugares más que en otros – cuanto menos desasosegador. Podríamos decir que, en estos tiempos, el interés por aprender es minoritario, tanto en la Pública como en la Privada o Concertada. Pero la práctica imposibilidad para mantener un mínimo orden que permita un desarrollo normal de las actividades docentes parece un problema particularmente frecuente en la Pública, aunque con una ostensible variabilidad. Las faltas de respeto – al docente y entre compañeros – y la indisciplina llegan a ser algo cotidiano. En algunos lugares, ir al baño resulta ser peligroso, especialmente para las chicas. El régimen disciplinario es particularmente inefectivo en muchos casos. Hay lugares donde el profesor acude al trabajo con verdadero miedo, bien por la actitud de ciertos alumnos, bien por la de sus progenitores. El respaldo legal – institucional y la conciencia social contra las agresiones al personal docente y a los compañeros de clase (el llamado “bullying”) despierta – por fin -, pero lleva décadas de retraso. Las consecuencias están ahí: energúmen@s de catorce a dieciséis, intocables, inabordables y respaldad@s por un / una papá / mamá crecid@ y de cuidado, que – en mínimas dosis – son capaces de reventar una clase e impedir toda progresión académica. Éste es el retrato que me llega – por los medios y por mis conocimientos – de la pública española y que no se da, o se da de modo anecdótico, en la privada o la concertada. En parte lleva Concha razón, es por el “rígido clasismo desde la infancia” por el que muchos padres huyen de la Pública. Pero en buena parte es por el problema arriba expresado: las circunstancias reales de la Pública determinan un bajo nivel de conocimientos del que huyen muchos padres de clase media, incluyendo a parte del personal docente – experto conocedor del problema – y gentes de izquierda – teóricamente defensores del Sistema -. 
Creo en la Educación Pública y su crucial importancia. Creo en la igualdad de oportunidades. Y creo que este país no anda lo que se dice muy sobrado de neuronas como para que se infrautilicen las de un / una chaval/a de una barriada por el fracaso social del sistema de Educación Pública de su país. Pero mi apreciada Concha, que acierta al centrarnos en el problema, no apunta más que a vagas soluciones. Yo sí quiero mojarme más en la cuestión, aun a riesgo de errar – y ahí abajo tienen el cuadro de las disensiones, que así aprendo -: es preciso dignificar y dar a respetar la Educación Pública. Del mismo modo que la campaña seguida contra el maltratador doméstico, es preciso que el poder público, si le interesa el tema, se tome como cosa propia una campaña intensa, extensa y prolongada de desprestigio y aislamiento del agresor en las aulas, sea alumn@ o su progenitor@, lleve la razón o no la lleve. Y usando todos los medios disponibles. Y exprimir la sesera para, al igual que el éxito mostrado por el sistema de puntos en la reducción de accidentes de tráfico, se diseñe un sistema de “puntos de comportamiento académico” que se pueden perder dolorosamente llevando al agresor en las aulas, sea alumn@ o su progenitor@, a consecuencias concretas y tangibles. Que la paz vuelva al aula, el profesor a enseñar y los chavales a aprender. Y luego, inversiones concretas para los chicos con dificultades. Y después, el futuro. Seguro que entonces muchos padres de clase media confíarán de nuevo en la Educación Pública para sus hijos, Concha. No es cuestión de conspiraciones. Es simplemente una cuestión de prestigio.

Enlace relacionado en algo: http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/09/gonzalez-urge-al-psoe-reaccionar-contra.html

Mis cosas, en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

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