Los españoles cambiamos poco de orientación política. Cuestiones de antropología, por verlo de algún modo. Ignoro cómo será la cuestión en Italia, Portugal, Francia o el Reino Unido. Pero, lo que se dice por aquí aquí, parece tratarse de fidelidad al clan o al equipo de fútbol. Y me explico:

Me he resistido a escribir una palabra acerca del 28A. Pero sí he leído, y mucho. Y me han encantado los análisis comparativos territoriales de las preferencias políticas entre lo votado en febrero del 36 y hace unos días. Porque es sorprendente, la coincidencia.

De este modo, hay españolitos de izquierda y de derecha — o de opciones nacionalistas —. Pero, sobre todo, hay territorios de izquierda y territorios de derecha. Y ello muestra una tendencia a proyectarse por encima de ocho décadas, superando una guerra, cambios telúricos en cuanto a composiciones demográficas, emigraciones entre territorios y otras circunstancias que hacen que la España de 2019 nada tenga que ver con la de 1936.

Pero, sin embargo, los mapas de preferencia política son tan parecidos… Dice Maravall que la orientación política, en España, es una cuestión de familia. Heredada y heredable donde, además, el fisco no puede sacar tajada. Algo que, para un sevillano, es como ser del Betis o del Sevilla, o penitenciar con el Gran Poder o con la Macarena. Y ahí voy, del caso general, a nuestro caso andaluz en particular.

A diferencia del 28A, el pasado 2D no pude evitar un análisis inmediato. Y creo que una relectura más sosegada de lo sucedido y de lo escrito por mí mismo me permiten sostener que no cometí errores sustanciales. En resumen: que Andalucía seguía siendo de izquierdas, y que la cuestión catalana no era el aspecto sustancial para el vuelco electoral, que no vuelco sociológico.

Luego vendrían los sesudos expertos del CIS a confirmar estas intuiciones, emitidas de modo apresurado por mi parte.

Muchos han sido los intentos de interpretar por qué medio millón de antiguos votantes del PSOE de Andalucía se quedaron en sus casas el 2D, permitiendo la alternancia política y el desalojo de lo que muchos llamamos el “régimen” de los 37 años. Aunque dicho “régimen” haya sido sancionado democráticamente, una y otra vez.

Me permito plantear la hipótesis de lo multifactorial. Y dentro de ello, una dominante, tan discutible o rechazable como ustedes quieran.

La propuesta es que medio millón de antiguos votantes del PSOE de Andalucía optaron por no votar el 2D por razones parecidas a las que han conducido al descalabro del PP, hace días. Demasiados escándalos, con sentencia o no. Demasiada cocaína. Demasiados puticlubs. Demasiados amigotes. Aquello se venía pareciendo mucho… al PP.

Treinta y siete años dan para mucho. Para muchísimo. Pasar de la ilusión al “régimen”. Recibir los primeros fondos europeos, y emplearlos. Y luego idear opacidades y eludir controles. Primero, para facilitar la agilidad — repetían —. Pero, por el mismo mecanismo, evitar la intervención y la fiscalización.

En treinta y siete años, un grupo político recambia líderes. De los primeros, curtidos en la clandestinidad, la cátedra o el despacho laboralista, a jovenzuelos sin más mundo que la vida orgánica de partido. Gentecilla de vida cómoda, verborrea hueca y puñalá trapera, los unos a los otros.

Porque era mucho, muchísimo lo que se podía ganar por estar ahí arriba, en la cúspide de una pirámide que todo lo decidía. Desde una jefatura de servicio de traumatología a la dirección de un museo, pasando por la dirección de una escuela taller. Todo. Todos tenían que ser de los nuestros. El Régimen.

Que propongo que convertirse en eso, en “el régimen”, ha debido pasar factura a los ojos del ciudadano de izquierdas más consciente. Aquel que compone los mapas con los que empezaba este artículo. El tejido familiar de unos valores transmitidos de generación en generación que sin duda se estremeció de inquietud al ver la foto de Susana Díaz — encantadísima de la vida — en la Feria de Abril recibiendo el beso en la mano de gerifaltes en pose genuflexa. Demasiadas similitudes con Esperanza Aguirre.

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, médico y escritor.

Twitter: @frelimpio

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La crónica del Régimen. La verdadera.

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