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Crónica de una ruptura evitada (y anunciada)

¡Ufff! ¡Parecía que se rompía la coalición de gobierno en Andalucía! Cuando se estableció le pronostiqué una vida corta. Pero por otras razones: la profunda contaminación de los usos y costumbres de gobierno en Andalucía (como en tantos lugares de España), como se va viendo por el caso EREs, no podría ser tolerado por una formación como IU. Me equivocaba en buena parte. En la otra, no. El pacto reventará, pero por otras razones.


Insisto sobre lo dicho otras veces. No comprendo por qué IU siguió en el pacto tras la vergüenza de la comisión parlamentaria de los EREs. Alba Doblas, al menos, debió dimitir. Por dignidad. No comprendo la dialéctica facilona de Valderas: “partido de gobierno y de lucha”. Esa rara complacencia con la algarada revolucionaria del SAT, pero querer estar en el sillón. A la chita y callando, mantener el discurso de siempre: la derecha de verdad (PP) y la derecha de mentira (PSOE). Pero gobierno con ella. Porque si no, aquí no toca poder ni Dios – con perdón de su ateísmo militante -. Y lo bien que Susana se bandea con las cosas de esta banda. Porque si no, a ver cómo Dios – que ésta sí que es creyente – hago un gobierno de izquierdas y lo vendo en España. Reconozco que la venta de la moto es complicá. 

En la última, dije que ambos van precisando un pretexto para la ruptura. Me ha extrañado que ello no acontezca con lo de la Corrala. La política siempre hace cálculos curiosos. Este pacto pende de un hilo, al albur de lo que este verano decida la rama más radical de la izquierda, tan mimada por IU. Si hay movida, el pacto salta. Razones hay. Y pretextos también. Veremos.

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