fbpx

Cayetana de Alba, descanse en paz

Abro los periódicos y me encuentro con dos noticias casi simultáneas. Las dos tienen algo de luctuoso. Y a la vez algo de incomprensible. Y me explicaré en modo breve:

Es siempre luctuoso el óbito de una anciana. Lo incomprensible es que sea noticia: murió de su edad, poco más o menos. O mejor dicho, de sus muchos achaques. Pero fue una vida larga y celebrada, disfrutada y envidiada. Ya se ocupan en otros lugares de reseñarla. Hasta la saciedad, creo. Descanse usted en paz, doña Cayetana. Ignoro sus méritos, la verdad. Tampoco sé por qué su muerte debe acaparar titulares en la prensa de mi país; no era usted tan relevante. Creo que dentro de treinta o cincuenta años, en las hemerotecas, estos titulares inspirarán una tierna sonrisa. Combinando las imágenes de la serie de Isabel la Católica donde, con mejor o peor fortuna, se ilustran las circunstancias donde nace el apogeo y riqueza de su familia con las de su entierro y el despedazamiento de su patrimonio, podemos ver como se esfuma una forma de entender España. Claro que sólo es una opinión.

El otro hecho luctuoso es la prisión de una tonadillera. Sigo viendo incomprensible la noticia: sólo se trata de la ejecución de la sentencia, de la acción de la justicia. De que se la vea actuar, por fin. También la vida de Isabel Pantoja tiene algo de trágico: con su voz vibró en su momento el alma de una nación, con su luto lloró una forma de entenderla («la viuda de España»). Si de doña Cayetana ignoro los méritos y me constan cientos de años de privilegios, de Isabel Pantoja sí aprecio la valía -la vi cantar en persona – y de las humildes calles de su procedencia. Su proceso y prisión tienen que ver con las cosas de la España de hoy, con la que la famosa tonadillera podría bien cantar aquello de «somos como dos barquitos…» Efectivamente, la nueva forma de entender el país desliga los sentimientos populares al escuchar «Yo soy ésa» con lo prosaico de las cuentas del Reino, y rescata el verso calderoniano: «Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar,»…

Una persona próxima me señalaba la ausencia de sustitutas en la España de hoy para la difunta y la encarcelada. Me quedé perplejo, y tuve que admitir que así era. Quisimos una España Europea, racional, reflexiva, sensible, indignada con aquello con lo que correspondía indignarse y progresivamente alejada de la pandereta. Sin embargo, no está acabada. Todavía le queda un buen rato de horno. Pero se le van viendo las costuras. Doña Cayetana no hará más portadas para la prensa. Y somos muchos los que pensamos que no tiene sucesora. No creo que doña Isabel se arranque para toda España desde detrás de los barrotes. Ni estaría bien, ni creo que le sentase bien. Además, esta España ya no guarda el trono de la copla. Ni la bata de cola.

Algún día, dentro de muchos años, sesudos historiadores informáticos rastrearán en las hemerotecas por los signos de nuestro cambio. Se preguntarán si fue cuando las bodas gay. O cuando se fue Cataluña (si es que al final se van). O cuando ganó Podemos (si es que termina ganando). O cuando se acabó la monarquía (si es que don Felipe toma las de Villadiego). O cuando se prohibieron las corridas (o cuando pasaron a la clandestinidad, que es lo mismo). Pero me da a mí que, en 2672, en una tesis doctoral realizada acerca de lo que entonces será un único espacio de desarrollo y convivencia, alguien escribirá: «en noviembre del 2014, en la ciudad de Sevilla, muere doña Cayetana de Alba y encarcelan a doña Isabel de Pantoja por blanqueo de capitales. Nada en lo que entonces se llamaba España sería nunca lo mismo.»

@frelimpio

1 thought on “Cayetana de Alba, descanse en paz

  1. Anónimo says:

    Hechos luctuosos sin duda Federico… Igual de luctuosos que la corrupción, que el maltrato selectivo a la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales, que las ancianas a las cuales echan de sus casas los buitres… En el 2672, el que se encarcele a una tonadillera por blanqueo de capitales o que se haya muerto Doña Cayetana no tendrán más interés que el que tienen. Dos noticias luctuosas (Lo de la tonadillera tal vez no tanto) más en una vorágine de noticias luctuosas, tramas corruptas y en definitiva, el desastroso estado de las cosas actualmente en este nido de víboras que haría avergonzarse al mismísimo Monipodio.

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde