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Calderón, en la Bolsa de Madrid en 2012



Ni mayorías absolutas conservadoras o de derechas. Ni pactos con Angela Merkel, ni recortes, ni reformas laborales. Ni apoyos transitorios de esquinados – geográficamente – catalanes. No bastan tijeretazos en el presupuestos o profundísimos recortes. Los mercados, cual tiburones, olieron sangre y quieren carne. Y la quieren toda, ahí, calentita. A la puta prima de los cojones no hay quién demonios la sacie. Se come la bolsa y se traga la vida. Y como así sigamos se nos come hasta el alma, por mucho que invoquemos a Pedro Crespo:


“a los mercados, la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma sólo es de Dios.”



Que dicen los castellanos viejos que la pública hacienda va de facer de buenas cuentas: ingresos menos gastos. Vale bien gastos recortados, con todos los dolores y penurias que ello conlleva. Pero si otra cosa no aportan vuesas alforjas, más magras son aún las perspectivas. Dicen sabios entendidos de lo que ahora llámase Ciencia Económica que ello es  el círculo vicioso mortal de la deflación y de las medidas procíclicas, maeste Rajoy, y que un docto dellos de Salamanca debió llevar a la hora de negociar en tierra de herejes. Porque no es sólo problema de la corona; vaya eso por descontado. Es un problema luterano, es problema de la común moneda. Es un problema de lo que en estos tiempos llámase proyecto europeo. Es la perspectiva de la recuperación de la tierra americana del norte, llena de herejes adinerados. Es, en última instancia, problema lejano de la estabilidad de la boyante élite de la dictadura china. Y, con todo eso en juego, no creo que vayan a dejar a vuestra merced tener la casa en tales condiciones. Como no dejaron a Zapatero. Ahora, apréstese vuestra merced a abrir el melón de la banca. Que no confunda vuestra merced mi nombre. Calderón de la Barca, soy; no de la Banca. Lo digo por si se le ocurre alguna cosa rara. Y siguiendo por donde me quedé, diga a sus amigos que los precios de los pisos, al suelo. Que necesitamos como el discurrir del agua, el fluir de de los dineros. 


Mis cosas, en twitter…

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