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Atentado en Londres: Reflexión Alternativa

Los cuerpos de los muertos de Londres están calientes: acaban de morir hace pocos minutos. Alguno más engrosará la lista fatal, de las terribles heridas sufridas por el ataque en el puente de Westminster, hace nada. Creo que el energúmeno fue abatido por la policía inglesa, y aparentemente actuaba solo. Ya veremos.

Tendremos que ver si es un atentado de un islamista radical; aún no lo sabemos. Da la impresión de que sí: se parece mucho al de Niza.

Tendremos que ver, del mismo modo, la lógica ola de condolencias y banderas británicas en todos los perfiles de facebook. No lo critico. Ya lo vimos, con los atentados de París, ¿Se acuerdan? Me pregunto si, desde aquello, hemos aprendido algo, o estamos haciendo algo bien.

Tendremos que ver, igualmente, una oleada antiislámica – por si no teníamos bastante – en nuestras sociedades. Y especialmente en la británica, que debe en buena parte su Brexit al rechazo al Islam y a los refugiados del conflicto de Oriente Medio.

Tendremos, además, todas las razones para padecer una vuelta de tuerca más en la dialéctica libertad – seguridad hacia este lado, como ya pasó en Francia, hasta llevar a este país prácticamente al estado de sitio. Todas las razones para construir un estado policial: cámaras, controles y todo lo que ustedes saben.

Oiremos más razones para el trumpismo – acabo de acuñar el término -, ideología que antecede a Trump, y que se expresa en que sólo acabaremos con esto matando los huevos de la serpiente en el nido, en Oriente Medio. Y que para ello es preciso aumentar el presupuesto militar. Lo que cueste. Lo que haga falta. En detracción de los gastos precisos en Educación, Sanidad, Justicia e Infraestructuras. Podría añadir Cultura, Medio Ambiente y unas cuantas más.

Comprendo que este post es inoportuno, y me cosechará insultos e incomprensiones. Perderé amistades y tensaré relaciones. Pero no puede ser de otro modo, para el que eligió la libre expresión como bandera.

Las bombas no funcionaron nunca. No funcionaron en Vietnam – y mira que echaron bombas a mansalva -. Ni en ninguna parte. Solo sirven para alimentar la espiral del odio y perpetuar el problema.

Muchos aquí, preguntan, ¿Por qué nos odian? Y la respuesta es simple: porque los tratamos a zambombazos. Desde siempre. Ni siquiera como a animales. No tienen ninguna razón para pensar nada bueno del hombre blanco – bueno, rosado, más que blanco -.

Centraré el problema en lo islámico, para no dispersarme y quedarme en lo insustancial. Y les propondré una pregunta: ¿Por qué se radicaliza el Islam al final del siglo veinte y principios del veintiuno, y empieza a atacarnos indiscriminadamente? ¿Qué les pasó?

No hay respuestas simples. Pero puede que tenga algo que ver con la presencia de tropas norteamericanas en Arabia Saudí, desde la Primera Guerra del Golfo (90-91). Verán, para ellos es tierra sagrada. Y el americano, la vuelta de los cruzados, comedores de cerdo, bebedores de alcohol. No se rían, véanlo desde su punto de vista.

Años antes, Estados Unidos jugó con fuego en Afganistán armando a los muyahidines contra la invasión soviética. Pretendía estimular su sentimiento religioso y exportarlo a todo el Asia Central, debilitando a la URSS. En ese campo de batalla, se entrenó y se radicalizó un joven saudí de familia rica llamado Bin Laden. No sé si les suena.

Antes, durante y después de todo esto, el conflicto con Israel. Siempre me pregunté el porqué del respaldo incondicional del gobierno americano al Estado Judío – los primeros socios de Donald Trump, véase recientemente -. ¿Qué ganan o que pierden los Estados Unidos con la causa israelí, que jamás matizaron su apoyo? Ello me llevó a bucear un poco en los orígenes del Estado de Israel, sus justificaciones y su responsabilidad en la situación mundial. Muy breve, no se vayan

Resumo: Primera Guerra Mundial, Oriente Medio. Se nos hunde el Imperio Turco. Su lugar se reparte entre Francia e Inglaterra. Los líderes de la comunidad judía le hacen ver al gobierno de Su Majestad que crear un “Hogar Nacional Judío” en Palestina sería un elemento positivo para la gobernabilidad de la zona… En un lugar estratégico, cercano al canal de Suez. Vital. Conecta el Imperio – la India – con la Metrópoli. Y vital para el comercio de petróleo, que entonces estaba en sus inicios.

El resto es conocido. Nazismo y Segunda Guerra Mundial. El éxodo judío a Palestina. Inglaterra mengua como potencia imperial, pero Palestina tiene mas población judía, en conflicto abierto con la población árabe. Pero el canal de Suez sigue ahí, cada vez más importante. La Primera Guerra Árabe-Israelí, con el apoyo de una nueva potencia, que vendrá a sustituir al declinante Imperio Británico – pero en íntima relación con este -: los Estados Unidos. Y la base, la misma: la construcción de una nación amiga – al modo de un portaaviones -, vigilando una zona estratégica para el comercio mundial, especialmente el petróleo – en 1945, Estados Unidos dispone del 50% del comercio mundial, por cierto -.

Enfrente, los palestinos. Nadie. Un puñado de desarrapados, ametrallados sin piedad ante la más mínima pedrada – “Israel tiene derecho a defenderse” -.

De ahí, la espiral. Acción-reacción. Lo vieron en la película Múnich. La invasión del Líbano. Chabra y Chatila. A zambombazo limpio. Familias aniquiladas: efectos colaterales. Las “evidencias de armas de destrucción masiva” de la vergonzosa intervención de Colin Powell en la ONU. Y nuestro momento más lamentable en política internacional, en el trío de las Azores, “porque hay que estar con los que mandan”. Y Rota y Morón, que ahí siguen, a lo que diga el americano.

Matar es una abominación. Y el de Londres, un terrorista asesino. Como el de Niza o los de Bataclán, en París. Pero estos perros rabiosos no hacen sino seguir – a su modo – la dinámica asesina iniciada por unas potencias postcoloniales que se niegan a levantar la bota que pisa a sus pueblos, que malviven en su desierto con sus cabras y sus pequeñas plantaciones. Que, para controlar el flujo de mercancías y petróleo, les injertaron una teodemocracia racista bien conectada con la banca internacional que reclama una vez y otra “el derecho a defenderse”, demostrando el elevado concepto que tiene del Derecho Internacional. Y que sólo su evacuación, al modo de los colonos franceses en Argelia, permitirá acabar con esto que podría llamarse la Segunda Guerra de los Cien Años.

Termino expresando mi dolor por los fallecidos en Londres, lanzando mi más sincera condolencia a los familiares, y deseando que aquellos que estén heridos tengan una pronta recuperación. Y expresar que escribo esto en la conciencia que solo interiorizando lo escrito más arriba avanzaremos algo algún día hacia un grado de concordia entre los pueblos.

Y ahora, heme aquí dispuesto para la pública lapidación.

@frelimpio

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