fbpx

Aliño para un Rancho de Campaña (Indigesto)

Hace pocos menos de cien años de los disparos de Sarajevo. La lectura de la prensa, entonces, nada hacía presagiar la carnicería que vino a continuación. Y, con ella, la profunda transformación de la sociedad europea y mundial que fue consecuencia de la misma. Es más que discutible que podamos reducir la historia del corto siglo veinte a la dialéctica comunismo – anticomunismo. Dejándonos llevar por un momento de la mano de dicho punto de vista, valoramos aun más la importancia de lo de Sarajevo, aunque viniese a explosionar un barril de pólvora que se venía rellenando desde muchas décadas antes.

De mis lecturas de estos días extraigo algunos de los trazos que contribuyeron a edificar el edificio nacional-imperial ruso en el siglo XIX: autocrático y ortodoxo. Todo se hunde aparentemente tras la revolución de octubre en busca de la utopía y el internacionalismo. Eran los obreros – alemanes y rusos – los que debían luchar juntos contra los patronos – alemanes y rusos – que les habían enviado a la masacre. Aunque tras tomar Stalin las riendas de la URSS y defenestrar todo lo que suponía Trotski y el trotskismo, la cuestión viene a ser reanalizada. La vuelta a un imperio autocrático y ortodoxo. Tal y como era. Pero con una ortodoxia diferente.

Después vendría la “Gran Guerra Patriótica” y la exaltación del ejército rojo. El martirio de la URSS bajo el nazismo y su resolución de llegar hasta las ruinas de Berlín, a levantar su bandera roja. De la mano de la nueva ortodoxia comunista, la gran nación del este se hizo más Imperio que nunca sin dejar los calificativos que generaron su ascenso mundial: nacionalista, autocrática y ortodoxa – o mejor dicho dogmática -. La verdad es que daba miedo. Y ello alimentaba el orgullo nacional. Cuando un líder o un enviado soviético hablaba en un foro internacional, era mirado con respeto y sus palabras – las que decía y las que no – eran objeto de sesudos análisis.

En este clima se educa un muchacho llamado Vladímir Putin. No debe guardar buenos sentimientos hacia Gorbachev. Su glasnost fue un aire nuevo preciso en una inmensa sala que olía a cerrado. Pero proporcionó la base para que la calle cuestionara la ortodoxia. El consumismo occidental – o la hipotética posibilidad de consumir – podía ser terriblemente atractivo. Tras el hundimiento del sistema ideológico, poco tardó en hundirse el sistema imperial. Y moral. De dar miedo, a ser el hazmerreír. De fieros guardianes de la revolución a mafiosos borrachos ahítos de vodka ensuciando de baba a la meretriz rubia platino de tacones altos y silicona rebosante que siempre les acompañaba. El cambio de tópico ha sido más que desfavorable.

Vladímir ha invertido mucho dinero poner a punto al ejército ruso. El sucesor del temido ejército rojo que derrotara a la wehrmacht. Los indicios que tenemos hasta el momento sugieren que no va a pactar sobre la base de sanciones económicas y que acepta un aislacionismo visionario. En ese contexto, podemos anticipar que amplias zonas de Ucrania serán anexionadas a Rusia. E incluso la Transnistria moldava colindante. Nada se le puede oponer porque no hay nadie dispuesto a plantar enfrente un ejército convencional que le haga dudar. El triunfo de esta realpolitik o política de hechos consumados puede espolear ansias en el mismo sentido de otros países agraviados en sintonía con la gran madre eslava, como Serbia. Hay leña y gasolina para un fuego muy extenso y doloroso.

Termino con dos consideraciones: primera, esto es posible por la propia concepción de la OTAN. De modo esquemático: “los rusos fuera, los americanos dentro y los alemanes abajo.” Tal fue su diseño.

  1. Rusos fuera: Se les etiquetó como seres extraños, pertenecientes a otro espacio geopolítico y sin capacidad de integración ni interacción con el mundo europeo con el que tanto han compartido. 
  2. Alemanes abajo. Tras los horrores de la segunda guerra mundial, el empeño – lógico – fue apagar todo atisbo de nacionalismo y militarismo en Alemania. La consecuencia es que hoy Alemania no tiene capacidad de defender a nadie ni de defenderse. Ni siquiera de ser actor en la escena internacional. 
  3. Los americanos dentro. Desde la segunda guerra mundial, han asumido el papel de sempiternos gendarmes de un orden geopolítico del que se han beneficiado. Pero también les ha costado caro. En millones de dólares para mantener una flota dispuesta a entrar en conflicto por todo el mundo. Pero, peor aun, les ha costado enterrar el prestigio de libertadores adquirido en Normandía para quedarse con el de papel de “malos” de una larga película que pasa por el derrocamiento de Allende y las intervenciones en tantas partes del mundo. Es posible que estén hartos de ser los “malos”. No les va, en el fondo. En las pelis americanas todo el mundo quiere ser “el bueno”. Encontrarse con Abu Ghraib es duro. De ahí la tentación de largarse y decir a los europeos: la papeleta es vuestra. 
  4. Resultado: una Europa acostumbrada a la paz, no a la guerra. A invertir en quimioterapia, pensiones, residencias de ancianos y prótesis de titanio, no en tanques ni en aviones. A la vida civil, aunque siempre nos parezca poco. Un espacio de libertad y progreso – con sus límites: nunca hay suficiente libertad ni progreso -, donde se habla de los derechos de las minorías, feminismo y otras cosas. Nada que ver con Rusia, que se ríe de lo que considera mariconadas. Europa es una Atenas desarmada frente a una Esparta guerrera – y peor aun, acomplejada -.


La última consideración es quién anda tras Volodia – diminutivo familiar para Vladímir -. Vuelvo a la Primera Guerra Mundial. Fue posible por los tratados secretos. En los catorce puntos del presidente americano Woodrow Wilson, los tratados secretos quedaron expresamente prohibidos. Sin embargo, hay motivos para pensar que, tras todo esto, Rusia mantiene uno con China. Más allá del ruido de las relaciones comerciales, hay un gobierno mundial. Ese gobierno mundial es anglonorteamericano y se basa en el comercio de los carburantes. China está excluida y crece al ritmo que le dejan. Y no está de acuerdo. China comparte mucha frontera con Rusia y tienen un gran interés en tener seguridad a ese nivel. Es imaginable que un tratado secreto entre las dos potencias permita a China usar a Rusia como ariete contra Europa del este, desestabilizando el statu quo mundial o haciendo preciso el concurso de la primera para apagar el fuego. A cambio de un balance más positivo en la mesa de reparto de los hidrocarburos.

Termino, que me ha salido larguísimo. Que espero que todo esto se quede en cuatro tiros con un herido leve, y que terminen en la mesa de negociación hablando de dinero. Pero que me da en la nariz que un sólo tiro sobre un barril de pólvora revienta el mundo. Una vez más.

@frelimpio

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde