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Acción y Reacción.



Si algo es notorio en estas páginas es mi sonora metedura de pata: preví un rápido desenlace de la cuestión Libia, y en sentido negativo hacia el dictador. Desgraciadamente, el curso de los acontecimientos no ha sido así; ahí sigue, más fresco que una lechuga. Y si digo desgraciadamente, es por la deriva del conflicto hacia guerra civil, con su tasa de muertos, que no conocerán otra, de heridos y mutilados, de destrucción de recursos, de pobreza y de todo lo que sabemos bien que una guerra genera. Pese a la relativa buena marcha de los eventos bélicos para los gubernamentales, nadie puede prever un desenlace en el momento actual, ni rápido ni corto, ni en un sentido ni en otro.


He dejado escrito en alguna parte que este conflicto tiene algunas similitudes con la España del 36: en un bando una feroz dictadura que se apoya en mejores medios y tropas extranjeras, sostenida por poderes también dictatoriales del exterior. En el otro gentes ansiosas de libertad, desorganizados, con medios precarios, sin apoyos ni dinero, ignoradas o saludadas con vanas palabras por las naciones llamadas democráticas. La gran diferencia, claro está, es que los alzados son aquí los que quieren libertad y el régimen a derribar es la dictadura instalada. Y la sustenta una especie de socialismo de inspiración vagamente marxista e internacionalista, transmutado en régimen personal – familiar. Como por otros lares.

No sorprende nada en absoluto los apoyos de la dictadura, en lo próximo Siria y Argelia, y en lo lejano, a la chita y callando, Rusia y China. Todos ellos dictaduras más o menos sangrientas, con relaciones mejores o peores con lo que llamamos occidente, basadas en sus inmensos recursos naturales, emergencias económicas o papeles estratégicos concretos. Todos tienen, sin embargo, un interés común: que Gadaffi dé un buen escarmiento en sangre a su pueblo, y de paso al mundo entero. Que sea capaz de disuadir a las masas de sus respectivos países, demostrando que blindados, aviones y helicópteros son el antídoto mortal contra la libertad. Y que contra eso nada se puede. Moisés Naím lo dijo claro: no es facebook, ni twitter: son los fusiles: (http://www.elpais.com/articulo/internacional/Facebook/Twitter/fusiles/elpepuint/20110227elpepiint_6/Tes) Fueron los fusiles los que derribaron a Caetano en Portugal en el 74 sin disparar un tiro. Y los militares, al negarse a sacar los tanques a la calle, forzaron la caída de Milosevic en la terrible Serbia de hace más de una década. Ellos han dejado caer a Ben Alí y a Mubarak. Podría dar muchos otros ejemplos. Pero ellos mismos, por razones que precisarán una explicación, han decidido sostener a Gadaffi. Probablemente es lo que dijo Sayf Al-Islam: Libia es diferente, es un conglomerado artificial realizado sobre tribus diferentes, y la cúpula militar ha visto en la insurgencia a un extranjero. Por la misma razón, lo que estamos viendo es una descomposición de Libia al estilo de la antigua Yugoslavia, en medio de un mar de sangre e inacción occidental – o de acción tardía y vergonzosa, destinada a llenar un par de películas -.

Que digo lo mismo: en dos o tres años tendremos la explicación de todo en una buena novela. Ya me gustaría poder meterle mano, caso de tener tiempo, energías y talento. Como no tengo otra cosa, les dejo con las miserias de un médico entre la presión de la industria farmacéutica y la moderna gestión sanitaria. El e-Book es completamente gratis y me han dicho que está entretenido. Va por ustedes.

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