Calentito aún, lo de “Morir en Urgencias”, nos asalta el titular: “Violada en Urgencias”. No nos dejan dormir, con lo mismo. Y en la misma Comunidad Autónoma: Andalucía. Mi casa, para más inri. El tema no se presta a guasa, de ningún modo, sino a un análisis riguroso, que excede de los posibles del blog y de las capacidades del pobrecito escribidor que ahora esgrime el teclado.

Vayamos a la raíz, y todo se verá más claro. Supongamos 2218: dentro de 200 años. Alguien interesado por lo primitivo del momento actual. “La Peste”, pero de ahora mismo. Un Alberto Rodríguez del futuro. ¿De dónde sacaría su inspiración? De repente, se me aparece Sevilla, como en “La Peste”, un lugar como el Hospital Virgen Macarena, con esta noticia de la violación. Un sin techo, que viola a una sin techo: un arranque desgraciado, para una trama enrevesada. “Los Miserables” de Victor Hugo son sevillanos, y procuran dormir en las urgencias de un hospital metropolitano, verdadero termómetro de la caldera social. Y, ahí, a doscientos metros, las elegancias de “Downton Abbey” – el Parlamento de Andalucía -, la nueva aristocracia de la así llamada democracia andaluza, donde nuestra versión rociera de la princesa Khaleesi reina y lucha en su “Juego de Tronos” particular. La verdad es que la historia promete. Cuestión de ponerla a rodar.

Pero ustedes me disculpan este acceso febril, más propio de la peste bubónica que de otra cosa. Volvemos a 2018, y a los hechos: que un varón sin techo – según se desprende de la noticia – viola a una mujer sin techo en una sala de espera del área de urgencias del Hospital Virgen Macarena de Sevilla capital.

El tema de urgencias es recurrente en este blog, por muchos motivos: es la punta del iceberg donde se ponen de manifiesto todas las contradicciones de un modelo sanitario. Pero hay más, mucho más, que se pone de manifiesto en el iceberg de la noticia – por seguir con el símil de los icebergs -. Urgencias es un lugar de atención donde cualquier ciudadano gozará de la libertad de llamar a la puerta y ser atendido. Al ritmo de las posibilidades, ello suele comportar varias horas en caso de patología no preferente. Y ello abre la puerta a otro fenómeno. Un inciso.

A nadie deja indiferente la situación de las personas sin hogar. No es este el lugar para analizar lo complejo de su problemática, pero sí de expresar un sentimiento de solidaridad. También es el momento de expresar un punto de comprensión cuando, ante inclemencias del tiempo u otras circunstancias, estas personas acuden al lugar donde saben que podrán tener un techo seguro y climatizado durante una horas: las urgencias de un hospital general. ¿Razones para estar ahí? No es complicado: los sin hogar tienen todos los motivos para estar enfermos y sentirse mal. Solo tienen que decir en triage: me encuentro mal. Están como siempre. Mal. ¿No los ven ustedes por la calle? ¿O es que miran a otro lado?

Voy concluyendo. Diagnóstico: pobreza. Pobreza crónica. Extrema, en muchos casos. “Les Misérables” de Victor Hugo, trasladados a la Andalucía que prometía leche y miel, con el desarrollo autonómico – consulten a la maldita hemeroteca -. La realidad: tenemos en Andalucía a muchos de los barrios de menor renta de toda España. Y varios en Sevilla capital, sin ir más lejos. Ignoro cuántas personas sin hogar serán enfermos psiquiátricos crónicos, desasistidos. Esa es otra, que ahí dejo. El termómetro de todo ello: las urgencias de los hospitales generales. El inefable parachoques social. Sin embargo, las urgencias hospitalarias están para el infarto, la apendicitis o la meningitis. Para el ictus o un traumatismo de entidad.

Una de las puntas del  iceberg del desgobierno crónico que tenemos es la presencia de gente sin hogar en urgencias. Porque la gente sin hogar merece otro diagnóstico y otro tratamiento. Y porque la enfermedad de base, la pobreza endémica de toda una Comunidad Autónoma (“La Peste” de nuestros días), permanece ahí, sin diagnosticar, sin tratar, como un mal irresoluble. Y porque, además, el paño caliente – urgencias – es como una aspirina para un cáncer avanzado.

Por otra parte, a pocos metros, se rueda el culebrón alternativo (“Juego de Tronos”) en las elegancias de “Downton Abbey” – el Parlamento de Andalucía -, con presupuesto asiático, toneladas de glamour y mucha más cuota de pantalla (share… ¿no se dice así?). Nuestra princesa Khaleesi, rubia como la original, teñida como la actriz de la serie, se nos presentaba espectral en su mensaje de fin de año en Medina Azahara. Me pregunto si, cuando llegue la ocasión, se desplazará esos doscientos metros e irá con la urna a las urgencias, a pedirle el voto a “Los Miserables”, a repetir lo que nos dice en la propaganda electoral. Me pregunto también si lo hará alguno de los líderes de la oposición. O, en su defecto, algún diputado de a pie. Si se acordarán alguien, vaya.

Federico Relimpio

 

 

 

@frelimpio

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