Ya está; ya llegó. Ya tenemos Secretario General. Y por el género que le puse, ya le estoy poniendo nombre. Valoro inmensamente la inteligencia de mis lectores, buenos entendedores todos.

Todos los que me conocen – me aprecien o no, que es otra cosa – saben que tengo mis distancias con el PSOE, como las tengo con las demás formaciones políticas – no milito en ninguna -. Hablo más del PSOE porque me afecta más en mi día a día, como andaluz que soy. Probablemente esté radicalmente equivocado y no sopese adecuadamente el calado de los desmanes nacionales. Pero hoy toca PSOE; viene tocando con lo de las primarias. Porque afecta a toda la izquierda, a todo el panorama político, a la estabilidad misma del sistema.

Dije primero ya tenemos Secretario General, y aposté por Pedro Sánchez. En mi vida y en mis escritos me pringo. Lo he hecho siempre. No me importa.

Me he pringado con Pedro Sánchez y no soy socialista. Ni militante, ni simpatizante. Es lo que acabo de decir en el segundo párrafo. Lo explico más ahora.

También he dicho que soy andaluz. Y, acerca del tema, les propongo un acertijo: ¿Qué porcentaje de andaluces, hoy, no tienen otra conciencia o recuerdo que el gobierno del PSOE en Andalucía? ¿Un 33,4%, un 38.9%, más aun? Para todos nosotros, el desarrollo – o falta de él – autonómico se ha ligado indisolublemente al mérito – o demérito – de esta formación política, y su devenir se ha convertido casi en una obsesión, en un asunto de Estado. Hecho que, en parte, acorta nuestra amplitud de miras. Pero considérese comprensible.

Para un andaluz, el PSOE es mucho más que una opción política. Y algo acabo de escribir acerca del particular. El macroproceso de los EREs lo viene poniendo de manifiesto, y otras causas que van emergiendo o se van abortando lo van confirmando. Los límites de lo demostrable y de la acción de la Justicia nos permite ceñirnos a la punta tipificable de un iceberg – el régimen andaluz – que se convirtió en un sine qua non de la vida social, institucional y económica, trabajar o no, y muchas otras cosas que se nos niegan a diario, y se nos confirman el día después.

Para consuelo de tontos – como comúnmente se dice -, añadiré que el clientelismo político es mal de muchos, cambiando PSOE por este partido o el otro, según sea el territorio. Lo diferencial en Andalucía es la inaudita duración del período. Y que se trata de mi tierra. Siendo la herida mía, mío es el dolor, doctor – que de eso entiendo un rato -. Un dolor que rezuma por los cuatro poros de esa piel tatuada que acabo de glosar en mi segunda novela.

Hilando con lo anterior, diré que me pringué con Pedro por oposición a lo que tantos hemos llamado el régimen andaluz – el régimen del móvil de Paco, del que acabo de escribir -. Me gustó la forma de llamar indecente a Rajoy, en toda su cara, delante de millones de espectadores. Y creo que había sustancia en no dejar gobernar a un partido cuya cúpula – ojo, que los cuadros y la base contienen gente respetable, como el PSOE – está podrida hasta la médula. El “No es No” son principios, por encima del oscuro pactismo de la vieja política. Justo lo que representa Susana. Mucha tinta le he dedicado, últimamente. Más de lo que se merece.

Pero hoy hago un ejercicio y viajo hasta un veintidós de mayo en que Pedro gana y, con él, cierto idealismo, al menos de la gente – sí, llamadme ingenuo; lo acepto -, sobre el pactismo y el conciliábulo de la parte contratante. Se deja atrás a la vástaga consentida, arropada por el viejo PSOE del “esto no se puede saber”, del paternalismo y “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Viajo visceralmente – lo admito, y en ello me pierdo – a la tribu de los rebeldes contra los aparatos, contra lo establecido, contra la conveniencia, y me instalo en el discurso y en el fundamento. Será la simpleza del “No es No”, pero es una simpleza válida. Como el “No al Nazismo”. O “Ni Una Menos”, contra el crimen machista. Hay simplezas que lo dicen todo. Las suscribo.

Hace falta esa simpleza jacobina, esa ingenuidad genuina. Es el tiempo de ello; se ve. Es la claridad de la matemática; la limpieza del presupuesto. Sobran las Aguirres y sus cortes, tal vez todo el PP, tal y como lo conocemos. Sobra la vieja Convergencia. Quiero decir que, de esta onda, probablemente se beneficie también el otro campo. Y muchos otros, en partidos, asociaciones y entidades, hasta llegar a sociedades científicas y congresos médicos – de los que algo sé, y quedó por escrito -. Es preciso exigirlo, trabajarlo, votarlo, y volver sobre ello con ahínco. La política es hoy más vigilante. Y, forzosamente, más participativa, en el futuro inmediato. Tal vez más desconfiada; nos obligaron. Pero nunca antipolítica. Ya quisieran algunos.

Hace falta un veintidós de mayo pedrista sobre el PSOE de Andalucía, una jarra de agua fría sobre un oficialismo del miedo y “esto es lo que hay”, y que comience a hablarse de todo, tanto dentro como fuera. No se trata de posibilitar un cambio político para que sean otros los del móvil y el contacto. Se trata de posibilitar una transición que trabaje un concepto nuevo de Igualdad – tan válido como el antiguo -, desdibujando la línea que hoy separa nítidamente a los arrimaos – dotados todos de un móvil con buenos contactos – de los que no somos nadie, ni tenemos padrino, entregaos al paro, al subempleo o a la emigración. O a la marginación institucional.

Federico Relimpio

Bajo su Piel Tatuada

@frelimpio

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