Es curioso, eso de la emigración. Hace unos meses, leía yo un texto de un italiano que hizo un viaje en tren de Latinoamérica a Estados Unidos, y concluyó que nadie emigra por gusto. Que la emigración es siempre violencia íntima, desgarro interior: el que te rompe el cordón umbilical con la tierra, tu gente, tu lengua. Me lo creo. Y a pies juntillas. De violencia, hablo. La emigración es violencia interior, para huir de…