Dos sistemas sanitarios para el mismo país. Los mismos pacientes — muchas veces — y los mismos médicos. Y una raya marcada que forma un galimatías de gestión y de prestaciones.

Pero se lo explico mejor con lo que me sucedió hace poco. Una señora, como usted o como yo. Con su compañía de seguros sanitarios. Y ahí que va la mujer a tratarse un determinado problema. Su especialista determina que la solución es quirúrgica, y la buena mujer va y se interviene. Y en la anatomía patológica de la pieza le encuentran un cáncer. Horror, horroris. El mundo, que se le viene a los pies. Que me hace falta un tratamiento de esos tremendos que se me cae el pelo.

Un tratamiento de esos caros-carísimos que no te cubre tu póliza de seguros y ahí que vas al Sistema Público, por sus vías establecidas, aportando toda la documentación de lo realizado con anterioridad. Para no repetir pruebas. Y ahí que llega la mujer al especialista del Sistema Público, que revisa la documentación con expresión preocupada. Y tras verlo todo, el buen señor tiene a bien comunicarle que pone en cuestión todo el procedimiento. Que no tenía que haberse intervenido. Y que no hay cáncer, ni nada. Que lo encontrado en la anatomía patológica es algo llamado un “microcarcinoma”, un minicáncer sin importancia, por llamarle de algún modo. Algo que nunca iba a moverse de ahí, según los estudios disponibles. Que no procede ni quimio ni radio, ni hacerle más putadas. Y que no se va a morir.

La paciente termina cazando el comentario que el médico le susurra al residente que se sienta al lado: que en las compañías hacen muchas intervenciones innecesarias para hacer el agosto.

Me llega a mí el caso, tercera opinión – inciso, yo 100% Sanidad Pública -. Se trata de la amiga de un amigo: se me traslada que la buena mujer está confusa. Que haga el favor de hablar con ella por teléfono — así es como me entero de la historia —. Lo hago. Le corroboro a la paciente la opinión de mi compañero de la Sanidad Pública. Se tranquiliza la señora. Y ahora viene el relato no resuelto: las compañías de seguros arrastran la leyenda negra de las intervenciones innecesarias — o exploraciones innecesarias — como negocio, pero la Sanidad Pública comienza a tener su propia leyenda negra: que los recortes y los incentivos pretenden escamotear tratamientos caros-carísimos a determinados pacientes. Lo que leen. Lo que oí por teléfono. Y que la mujer no sabía qué creerse. Atrapada entre dos paranoias.

En nuestro medio, el ciudadano convive con dos Sistemas Sanitarios muy diferentes. De los dos, el Privado goza de una excelente salud, por cierto. Y crecimiento. Entre otras ventajas, proporciona al cliente plazos de respuesta en diagnóstico imposibles para el Sistema Público — hoy por hoy —. Ese es su gran atractivo, sin duda. Pero esconde una serie de vicios ocultos, difíciles de corregir. El cliente demanda rapidez y técnica, y las compañías se las ofrecen, ocultando los bajísimos salarios profesionales por acto médico. Circunstancia que los profesionales intentan compensar elevando el número de actos. ¿De modo necesario o innecesario? ¿Quién puede juzgar eso, fuera de protocolos estrictos de actuación? En cualquier caso, no es descabellado pensar que en determinadas prácticas podría darse — desde hace tiempo — el fomento interesado del autoconsumo sanitario como forma de aliviar retribuciones que son de risa.

El mismo profesional — no en nuestro ejemplo de más arriba —puede trabajar a la misma vez en el Sistema Público y el Privado. Y encontrarse con el mismo paciente en los dos lugares. En el Sistema Público, los criterios son, con frecuencia, muy diferentes. En primer lugar, ello es debido a que el profesional no cobra más por trabajar más — en general —. Por ello, tiende a decir al paciente que no vuelva más, mientras que en el Sistema Privado tiende a fijarle un esquema definido de visitas. Y como esto que acabo de decir, todo el circuito queda organizado de modo alternativo, según el médico y su paciente estén a un lado o al otro de la raya. Además, el problema in crescendo, con los problemas de financiación del Sistema Sanitario Público, y el envejecimiento de la plantilla y de la población.

A toda esta madeja, añádale las leyendas urbanas de un lugar u otro, enriquecidas según la especialidad. Como para ingresarse en psiquiatría. Pero… ¿De la Pública o la Privada?

Que vamos a precisar un GPS sanitario. A ver dónde demonios estamos en cada momento.

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Federico Relimpio

@frelimpio

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