Elecciones británicas 2017, y no se me vaya. No se me vaya, porque le afecta. Y le afecta porque le anticipo mi primera conclusión: que los británicos son muy españoles, o los españoles muy británicos. O que todos pertenecemos a la misma forma de hacer política. Y me explico.

Me apasiona el país; no poco saldría de su diván nacional. Ganador de dos guerras mundiales para salvaguardar un imperio colonial que perdió a continuación. En su inconsciente colectivo, la superioridad moral frente a alemanes (motivos obvios), franceses (tuvieron que ser rescatados frente a Hitler) y americanos (panda de catetos). El resto, barbarie.

Su entrada en el Mercado Común, tardía y a la fuerza. Imposible, con De Gaulle vivo. Los británicos pretendieron hacer su mercado con la Commonwealth, hasta que se dieron cuenta de que eran pocos. Un imperio, cuando ya no lo eran. Es difícil abandonar la idea. Es duro aceptar que eres uno más. Aunque sea uno más entre los más ricos. Pues ni eso.

Vuelta a lo actual. No sé qué demonios tenía en la cabeza Cameron cuando convocó el referéndum del Brexit. Qué quería de verdad, no lo que consta en la prensa. Habría que volver al diván: que nunca quisieron estar en la UE, que estaban a la fuerza. Pero menos entiendo a aquel Corbyn, apocado, sin defender sus ideas europeístas.

El Brexit supuso el exiguo triunfo de una Inglaterra rural, envejecida, atemorizada ante la ola de huidos de la guerra de Irak-Siria y de emigrantes de otras partes del mundo. Volver la espalda a los jóvenes, a los sectores metropolitanos, a Escocia, al Ulster o a cualquier claridad de ideas.

Inciso: como idea para un post, cabría proponer que el Brexit supone un curioso colofón para el acuerdo Sykes-Picot, por el que los imperios francés y británico se repartían los jirones del imperio turco, derrotado en la Primera Guerra Mundial. Cabe analizar detalladamente los efectos del imperialismo y post-imperialismo en Oriente Medio durante un siglo, incluyendo al imperio americano, sucesor del imperio británico en la zona.

Cabría proponer que las multitudes huidas de guerra solo buscaban refugio y comida en las puertas de los señores que – de un modo más o menos indirecto – les habían generado o promovido la guerra. Los señores se aterrorizaron y quisieron cerrar todas la puertas, sin pensar que la riqueza del país, en buena medida, dependía de que esas puertas se mantuvieran abiertas.

Avancemos. El diván de nuevo. Cameron convoca el Brexit para permanecer en la Unión, sabedor de lo de las puertas y la riqueza. Podría plantearse para qué sirve un Parlamento y lo de la democracia representativa. Qué cosas puede decidir un Parlamento y qué cosas el voto directo del elector. Y en qué estado emocional, y manejado por qué medios y qué voceros. Cameron convoca, y pierde. Cameron dimite. Pero eso ya es pasado.

Al diván de nuevo: Theresa May, su ministra de Interior, con mayoría absoluta en el Parlamento y defensora de la permanencia, tiene que gestionar el Brexit. Aquello con lo que no está de acuerdo. Una desconexión que se antoja dificilísima. Y dice a todos que no se conforma con su mayoría absoluta como respaldo parlamentario (¿?). Que el país precisa un gobierno fuerte bajo un liderazgo fuerte – sic, a mí me suena a Mussolini, la verdad -. Hay una interpretación alternativa, aunque hay que mandar a Theresa May al diván para conseguirla.

Veamos: Corbyn lo hizo mal, muy mal en la campaña del Brexit. Si hubiera tocado a rebato y hubiera movilizado a sus bases a favor de la permanencia, otro gallo les hubiera cantado – y nos hubiera cantado a todos -. Su figura empequeñece y el apoyo al Labour mengua. Son los mimbres para unos sondeos en los que los tories parecen comerse a la oposición. Demasiado tentador para Theresa May.

En el país de la Carta Magna, del Parlamentarismo, Theresa May jugó su baza ventajista en lo que muchos vimos un inexplicable autogolpe. Un intento de aniquilar a la oposición. Un conato de construir una autocracia tory de facto, tal y como se retrata en la película “Anonymous”. Theresa May tal vez se olvidó de las reglas elementales del juego y de dónde estaba. Es el Reino Unido, siglo XXI y no Roma, 1922.

Y ahora viene el milagro de la democracia. Un país vivo. Una nación que no se resigna. Un país que le echó en cara a May el deterioro de los servicios públicos y que no le firmaría un cheque en blanco. Vimos a un Corbyn que resucita de su fiasco y conectó con la catástrofe colectiva de la desigualdad, la pobreza creciente y el retroceso del Estado en sus deberes elementales. Y, sin ver milagros – los conservadores ganaron -, la victoria de May ha sido amarga, muy amarga.

Theresa May queda cuestionada como gestora y como líder, desprovista de mayoría en un momento crítico y dependiente de un grupo de lealtades curiosas (Unionistas del Ulster). Desprovista también de prestigio, no faltarán voces dentro de su partido que reclamen su cabeza. Demasiados frentes abiertos para una persona que mengua de estatura después 8 de junio. Difícil que esta legislatura sea duradera.

Ya puede Corbyn ponerse a la faena para un período de sesiones que se anticipa intenso y, sobre todo, pulir su nuevo programa electoral. Es probable que tenga que tirar de él dentro de poco.

Para nosotros: el tiempo de la política-gestión parece pasado. No vale creer en una cosa y gestionar la contraria. Se acabaron los tiempos del caudillismo y “gobiernos fuertes” – ¿Fuertes… Para qué y a favor de quiénes? -. Que, contrariamente a lo que la cúpula piensa, los de abajo “no nos olvidamos” – que se lo digan a la militancia del PSOE, si se olvidaron de “la matanza de Ferraz” -. Que, lo del “dominio de los tiempos” tiene unos efectos limitados – a ver si le sirvió de mucho a Susana, retrasar el proceso de primarias para la Secretaria General -. Y lo de los sondeos. Fíate tú de los sondeos…

Les dejo con una referencia cinematográfica. Un western, que se nos aplica a la política. “Cometieron dos errores”, protagonizada por Clint Eastwood.

“Nunca ahorques a un inocente – primer error -. Pero si lo haces, asegúrate de que esté muerto antes de largarte – segundo error –.“

La vida política – aquí y en el Reino Unido – está llena de resucitados o revivals – con perdón del anglicismo -.

Federico Relimpio

@frelimpio

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