Cuenta Enric Juliana en “Padres e Hijos” como el PSOE se aproxima a Podemos en una forma de salvar lo que parece una brecha generacional y recuperar así un proyecto común. Hay mucho ahí, y no me voy a extender: la añoranza del Frente Popular, de un régimen “diferente”, de retomar el rupturismo imposible en la Transición y, ahora, de dar una salida a la cuestión catalana.

Y más aun, de evitar el colapso de las izquierdas, como en Francia, y darle nuevos bríos, como en Portugal y, según parece, Inglaterra. Habrá mucho para el debate y poco para el personalismo. Pero lo dejo ahí, que el futuro inmediato arrolla ya las palabras.

Dirijo la mirada más al plomo sobre los pies del proyecto socialista renacido, y para muestra, un botón: los asientos vacíos de los delegados andaluces en el recientísimo 39º Congreso del Partido Socialista. El talón de Aquiles del nuevo secretario general.

Punto Flaco

Porque entiendo que el PSOE es uno y único. Federal, pero uno. Incluso en esta tesitura reciente, en que algunas voces plantearon el divorcio de un PSC en horas bajas – como casi todo el PSOE -, tal ruptura nunca se consumó. No serán pocos los que recuerden que la última vez que el PSOE fue algo, le debió no poco a los veintitantos escaños del PSC de la prematuramente fallecida Carme Chacón. No: quien rompe, pierde.

Tras las Primarias y, más recientemente, tras el Congreso, la situación parece invertida: ahora es el PSOE de Andalucía el que parece extraño en su casa. La espantá de Susana y los suyos parecía un toque a rebato: blindar Despeñaperros, cubrirlo con francotiradores. ¡No pasarán, Andalucía será la tumba del Sanchismo!

Con esto, Susana Díaz nos mostraba a las claras que no se le había curado el dolor de la “hostia” – son sus palabras – del veintiuno de mayo y que no había reaccionado del modo adecuado. Que no calibraba bien que la raja de su Titanic particular parece predecir su hundimiento – como tuve a bien recordarle, hace días -, aunque el hundimiento no sea inmediato, como sucedió con el malhadado transatlántico poco después de chocar con el iceberg.

Susana Díaz se cree aún comandando un buque electoral insumergible. Si cambiara los asesores – y debería, después de la “hostia” -, se percataría que el navío tiene cuatro grietas.

Al norte, un secretario general con autoridad y proyecto – veremos adónde le lleva, que eso es otro cantar -. Un Pedro Sánchez al que intentó primero ningunear, y luego defenestrar. Un hombre con el que cometió dos errores trágicos: primero, matarlo en público, y luego, no comprobar que estaba muerto. Es de toda lógica que el resucitado pida su cabeza sotto voce, entonando lo de “no habrá paz para las malvadas”.

En las tripas de Susana, los cadáveres de su ascenso político, que tampoco estaban muertos, y que también piden justicia. Los Celis – un poner – no tardaron apenas nada en ponerse de parte de Pedro Sánchez, y ahora míralos en la ejecutiva. No le darán guerra en el congreso andaluz, porque no da tiempo. Pero al tiempo, y perdón por la repetición. Y con él, los rebotados de las treinta y pico gestoras – práctica tan querida de Susana -, y todos los que desean una interpretación más socialista de estos casi cuarenta años de gestión del PSOE de Andalucía que, para muchos, dan muchas sombras junto a algunas luces.

A sus pies, el barro de los procesos que seguirán apareciendo, el uno tras el otro, que nos pondrán de manifiesto las peculiaridades de la gestión de esas largas décadas de poder regional del PSOE de Andalucía, en que el Partido fue Junta y la Junta, Partido, y tanto se mezclaron, que cuadros y dirigentes llegaron a blasfemar: “nosotros somos Andalucía”.

A sus espaldas, soplándole al cogote, cientos de miles de ciudadanos, que encontraron al fin la vía de la calle y la responsable final de un Estado Autonómico que muchos señalan como expoliador y maltratador. Una ciudadanía por fin viva que comprendió el verdadero sentido de su himno (“Andaluces, levantaos”) y se manifiesta hoy por los hospitales y centros de salud, mañana por la escuela pública, pasado por el agravio comparativo en la Ley de las Herencias, y el otro por tener perennemente a Andalucía en la cola de todos los indicadores sociales, económicos y sanitarios de relevancia.

Susana respira complacida porque aún está a los mandos de un buque que gana elecciones. Un buque diseñado para la infiltración social (por favor, leed esto) y hacerse eterno. Ponle la lupara, y tienes a la Cosa Nostra. Con el Vaticano y Giulio Andreotti, te sale la Democrazia Cristiana Italiana. También se parece al Majzén de la monarquía alauita o al PRI Mexicano. Se diseñó y se blindó en los ochenta para que nadie pudiera tumbar a Felipe. Modelo de estabilidad, también en los peores indicadores del país. Y acentuando la divergencia.

Pues este conglomerado – cuyos representantes se ausentaron de la fase final del 39º Congreso – te controla el veinticinco por ciento del voto socialista, Pedro.

Un inciso. Viene a cuento. Primera Guerra Mundial; mandos alemanes, acerca de los austríacos: “luchamos atados a un cadáver”. Pues a los hechos me remito: no hay un PSOE, hay dos. El que acaba de darle la “hostia” a Susana, y un régimen casi tan corrupto como el Madrid pepero, presidido por la misma Susana con mano de hierro.

Y ahora, gana elecciones con este lastre, Pedro.

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Federico Relimpio

@frelimpio

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