Es posible que lo que hay ahora en Cataluña se aproxime mucho a lo que se denomina situación revolucionaria.

A ver: huelga general en todo un país, en principio como protesta por la represión violenta de lo que muchos conciben como un intento de expresar pacíficamente la voluntad democrática de los ciudadanos de dicho país. El relato de las urnas y de la represión policial brutal se retransmitió en vivo y en directo, a lo largo de muchas horas, y colocó el relato en el ojo de la atención internacional.

Una opinión pública internacional a la que disgustan las porras y las balas de goma, las botas y los cascos; demasiado tiempo los vio reprimiendo a Luther King y los suyos, a Gandhi y los suyos, a Mandela y los suyos. En tantos lugares. No, la porra y la bala de goma huele a lo de siempre. Ahí, el Gobierno Español perdió la batalla informativa que ganó, sin embargo, en las lamentables sesiones del Parlament de septiembre. Pero estas no llamaron la atención de nadie. Lo del domingo, sí. Y ahora, el mundo opina que Rajoy es poco menos que un Pinochet redivivo, presto a meter los tanques por la Diagonal.

Sin embargo, a día 3-O, el panorama evoluciona con rapidez. Policía Nacional y Guardia Civil están hoy a la defensiva en Cataluña, si no francamente acosadas. Parte de la gente que toma la calle impone la huelga general, recordándonos comportamientos propios de la República y la retaguardia republicana. Una situación revolucionaria, ya digo. Probablemente este era el mambo al que se refería Anna Gabriel. El mambo, originario de Cuba, país que para nosotros tiene otras resonancias políticas y revolucionarias.

Pero Puigdemont y los suyos no quieren bailar el mambo. Prefieren el vals de las cortes europeas. O a lo sumo el ballet. Él y Mas nos metieron en este lío porque no se entendieron con Rajoy y los suyos – ayer apunté motivos más de calado, y otros más que irán saliendo -. Mas y Puigdemont pertenecen a un espacio social y político catalanista, hasta hace poco pactista, que nunca cuestionó los principios básicos de la economía de mercado y las reglas del juego. Niños bien, que les presentarías a tu mamá: afeitados, con corbata, colegios de pago, y todo eso. Gente como el clan Pujol, que aspira a vivir bien – ¡y cómo! -. En Andalucía tenemos a algún especimen de esos.

Pero su idea de independencia – si la tienen en realidad -, exige el beneplácito de las potencias europeas. Y de Estados Unidos. Quieren bailar el vals, no el mambo. Y en clubes pijas, no en el Caribe. Ante el fracaso negociador – esa es la responsabilidad de Rajoy -, montaron el cirio conociendo bien los mimbres: un país donde el sentimiento independentista no puede considerarse hegemónico. Estaría de ver si lo podemos catalogar de mayoritario, explicadas las consecuencias con claridad. Puigdemont y los suyos lo hicieron de la mano de lo que había: los de la ERC y esos de ahí, los de la CUP, ya se vería luego que se hacía con ellos.

A Puigdemont se le heló la sonrisa el lunes, cuando vio que la actitud de Europa y EEUU – gobiernos y prensa – se reducía a un tirón de orejas a Rajoy, poco más. Ni un apoyo. Nada. Hoy anda pidiendo mediadores para el conflicto. Importantes cabeceras le recuerdan que lo del domingo carece de las garantías de un referéndum y que, en el caso hipotético de prestarle oído, le refriegan que tuvieron un 60% de abstención. Nada serio como para una declaración unilateral de independencia. Que con esos mimbres, portazo de los pijas en las narices. Nada de vals, Puigdemont.

Te queda la Gabriel, para bailar el mambo. Mírala ahí, con su gente, en la calle. A ver cómo la metes de nuevo en el Parlament, que solo le falta la boina negra y la camisola verde oliva – el pistolón miliciano se lo arranca a cualquier Guardia Civil, tal y como van las cosas -. Recuerda que tú ibas en la furgoneta despeñada en el vídeo, y ahora la calle es de ellos, de los Jordis. Diles ahora que retranqueas, que el cálculo era erróneo, que te pones a negociar, como Pujol, y que se vayan a dormir a casa. Y cuando se nieguen… Mándales los mossos del Trapero, que es lo que te queda. ¡Ni se te ocurra llamar a la Policía Nacional y a la Guardia Civil!

Nota importante: insultos no, por favor. Opiniones, bienvenidas todas. No se censura nada.

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Federico Relimpio

@frelimpio

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