Reunión a múltiples bandas, en casa de Roures, convertido en una especie de moderno Fouché de la política española. Pedigrí izquierdista, pero millonario él, muy francés, eso; es lo que algunos denominamos rojo de salón. Curiosa especie, adaptable a medios adversos y que goza siempre de tan buena salud. Engaña a todos, todo el tiempo. Pero, dejémosle, que no es el objeto de esta humilde nota. Tan solo es el necesario catalizador.

En el pot-pourri (realmente, la versión gabacha de potaje, que aquí se pasó a popurrí, que es otra cosa) de Roures: Pablo Iglesias, Domènech, Oriol Junqueras y otros. Les paso el enlace con lo sustancial del contenido. Los verdaderos protagonistas no estaban. Lo dejo para dentro de un párrafo, y así mantengo el suspense.

La clave, el uno de octubre. O, mejor dicho, el dos. Los de ERC están particularmente preocupados con lo primero. Pero a Iglesias lo que le preocupa es lo segundo. Lógico: en una casa preocupa el dinero, y en la otra la salud — es solo un ejemplo —. Y ahí estaban todos, a ver si se ponían de acuerdo.

Y ahora sí, el prota en la sombra: Pedro Sánchez. Pedro el Empecinado, como lo bauticé desde este blog. Su épica victoria frente a la mala-malísima de la película cambia la coordenadas parlamentarias. Ahora sí. Ahora sí es posible pegarle una patada a Rajoy. Difícil, pero posible. Tienen que ponerse muchos de acuerdo y hay que hacer muchas concesiones — o muchas promesas de concesiones — pero salen las cuentas.

Si sale el milagro, tenemos la unificación de la Península Ibérica bajo el pacto de las fuerzas de izquierdas (obviamente, Portugal incluido). Una proporción significativa del PIB Europeo. Una fuerza significada para contrarrestar a la todopoderosa maquinaria liberal-conservadora franco-alemana. Y más, si contamos con la castigadísima Grecia. Como dice un político sagaz como Varoufakis, habría peso para comenzar a modificar el fiel de la agenda europea. No es poco. Además, dispondríamos de los mimbres para un entendimiento que logre superar el tradicional problema territorial en nuestro país.

Pero, desgraciadamente, todo o casi todo juega en contra.

Es muy dudoso que los parlamentarios conservadores del PDeCAT o PNV quieran arriesgar la buena (¿esto es así, de verdad?) marcha de las cifras macroeconómicas por un proyecto de esta índole. La pésima gestión económica del último gobierno Zapatero juega muy en contra de cualquier apuesta de estas características, máxime cuando el empleo aparenta recuperarse — otra cuestión es la calidad de dicho empleo —.

La apuesta de los soberanistas de ERC es profunda y decidida, y su electorado, altamente movilizado. Sería muy difícil explicar a estos, a estas alturas, un giro de muchísimos grados para frenar en seco el procés, implicar a Iceta en el Govern, y a ERC en una coalición de gobierno de España presidida por Pedro Sánchez. A ver quién demonios los vuelve a poner en la calle, si es preciso.

Lo único que se me ocurre — a medio plazo y no sé cómo — es argumentar dificultades técnicas con el procés y comenzar a usar otro lenguaje, en el que ya aparezcan términos hasta ahora prohibidos como el de Spanisch Bundesrepublik. Lo he puesto en alemán, porque yo mismo me he asustado. En español es República Federal Española, y requiere entrar en período constituyente. Concebir la resolución del procés dentro del marco constitucional vigente me parecería sorprendente, pero cosas más raras se han visto. Felipe VI se apuntaría un tanto que le duraría para todo el reinado — y para toda la Historia —.

 

Federico Relimpio

@frelimpio

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