Lo de Montoro ha sido como lo de Susana: amagar pero no dar. Enseñar los dientes, pero no dar el mordisco. Tirarse al ruedo para pegar la espantá, que decimos en el Sur.

A Susana la dejamos en paz, que a ella no la dejan sus demonios particulares. Ya la retomo dentro de unos días. Ahora nos vamos con Montoro y los congresos médicos, que parecía todo un alea iacta est, el Rubicón cruzado y los galenos en fuga. Pues va a ser que no.

Retomo la cuestión donde la dejé en mi último post. Recomiendo, además, la lectura de los comentarios, donde se ven todo tipo de posturas. Y me tengo que poner serio, obligadamente.

El elemento nuclear es el papel de los congresos médicos y otros eventos científicos. Hasta qué punto podemos prescindir de ellos, hasta qué punto podemos eliminar su faceta presencial y hasta qué punto pueden sustituirse por otras actividades. Si la Industria Farmacéutica es la dueña de la molécula, la técnica o la prótesis, si la misma Industria paga el ensayo clínico y patrocina de un modo u otro la revista, si ella le paga al ponente y nos paga a nosotros para ir a escuchar su mensaje, es una idiotez suprema sospechar el conflicto de interés, ¿Verdad? Todo limpio y relimpio – como mi apellido -.

Se me acusó de demonizar la cadena que va del ensayo clínico al teclazo de ordenador del galeno, y debo negar la mayor: nadie demoniza al inventor de la penicilina. Ni al fabricante. Ni al vendedor. Pero, de lo expuesto más arriba, creo que puede inferirse una cuota inaceptable de poder de la Industria Farmacéutica en todo esto, ¿No les parece?

Pero no voy a esto, realmente. Nadie niega la necesidad de la formación continuada, ni que la Industria Farmacéutica siga investigando y lanzando sus productos al mercado. El debate excede las dimensiones de este post y las humildes capacidades del que escribe.

Voy a mis conspiranoias – divertidas e inocentes, como en el otro post -.

Sigo pensando que lo de Montoro fue un intento de los jefazos de la Industria por sacudirse a los galenos. Y el buen hombre se encontró con realidades profundas de la medicina española con las que no contaba y que otros le hicieron ver, a su pesar.

Entre ellas, que tenemos un Sistema de Salud. Y no malo, precisamente. Un Sistema de Salud que funciona – con sus múltiples defectos – y que atiende a la gente y a los muchos extranjeros que por aquí vienen, turistas e inmigrantes, sin distinción de color de piel o tamaño del bolsillo. Un Sistema bien valorado en el extranjero y que no nos cuesta demasiado – comparativamente -.  Me barrunto que algunos peces gordos le habrán dicho a Montoro que se meta su proyecto donde le quepa. Peces gordos para contrapesar a los otros peces gordos que pusieron en marcha el descabellado proyecto.

Le habrán dicho que demasiado bien que nos va, tratando a los médicos a patadas: media vida con trabajo basura o en precario, buscando la sonrisa del de arriba y suspirando que te renueven el contrato. Y la otra media aburridos, sin progresión de sueldo ni expectativas, esperando tristemente una jubilación que los más ven como un alivio. Añádeles agresiones, insultos y jefazos politicastros puestos a dedo – en unas autonomías más que en otras – comiéndote la moral, fijándote incentivos para echarte dos monedillas más a la cara, para mejorar unos sueldecillos que son el cachondeo de Europa Occidental. ¿Acaso no lo sabías, Montoro? ¿Vas a los de tu Compañía de Seguros, o usas el móvil de oro de los políticos, con el que se abre la puerta de atrás de los hospitales para que se disipen las colas?

El broncazo que le habrá caído al Montoro, por ocurrírsele la feliz idea de escamotear el caramelillo a los pobres frailes de bata blanca. Por encima del debate de la formación. Por encima de la cuestión del conflicto de interés. Ahí, lo que te dé la gana, Montoro. Vete a cuestiones más prácticas, hombre. La Iglesia era el opio del pueblo, que decía Marx. Pues los congresos, el de los médicos… ¿Quieres que se despierten mañana por la mañana y se den cuenta de lo requetemal que los tenemos? ¿Quieres que empiecen a asociarse en redes sociales y nos monten un cirio de verdad de la buena? ¿Sabes el poder que tendría esta gente si dejan de llorar y se organizan? ¿Quieres que se nos vaya al carajo el invento, Montoro? ¡Si hasta Felipe en el poder se lo reconoció: “Cobráis poco”!

¡Quita, Montoro, déjalos como están!… Que se olviden de sus penas en una charla en Munich, con un cervezón kilométrico, así no dan la lata y se conforman con la milonga esa de la sostenibilidad del sistema…

Si te gustó este artículo, te gustará también KOL Líder de Opinión. De cómo nos dejamos meter en la doble jaula. Una formación en manos de la Industria Farmacéutica y una práctica maniatada por la gestión clínica. Sinopsis, clicar aquí.

Federico Relimpio

@frelimpio

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