A ver, y por partes. Círcula por ahí la idea de que el Servicio Andaluz de Salud nos quita dinero a los médicos si no hacemos esto o lo otro. Por tanto, me ha parecido conveniente hacer algunas aclaraciones al respecto:

Los incentivos: a los médicos no nos quitan parte del sueldo por esto o por lo otro. Se trata de un dinero que te dan o no, en función de que cumplas o no ciertas condiciones – luego habrá que ver si las condiciones son éticas -. Parece un sofisma, y no lo es. Y me explico.

El sueldo del médico de la pública es un constructo difícil de entender. A ver quién es el guapo que sabe bien en qué consiste un “complemento de destino”, por ejemplo.

Otro ejemplo: incentivo para que no trabajes fuera del Servicio Andaluz de Salud. Puedes ser el tío más trabajador del mundo en la pública, el mejor médico, el más humano y el más reputado pero, si se te ocurre poner un pie en la privada, ¡ay!, pierdes el complemento por dedicación exclusiva – pasa solo en tres CCAA, por supuesto en Andalucía -. Es un dinero que te pagan si no haces. Si no trabajas en la privada, en tus horas libres. A mí me parece el dinero del contribuyente peor invertido – y lo cobro, oigan -.

Sigo: incentivo para que no pongas medicamentos caros o para que derives poco al especialista – esto último, para los de Atención Primaria -. O que pongas los genéricos de la subasta de medicamentos andaluza – otro tema de debate -. Lo puedes hacer o no, según tus criterios científicos o tu conciencia profesional. Que te pones farruco y aplicas tu criterio personal: pierdes ese dinero. Ole tus narices. Pero ahí le funcionan a la administración otros resortes que pocos conocen fuera del mundillo. Al menos, en Andalucía.

A los de Atención Primaria les ha funcionado bien la presión colectiva. Porque el objetivo lo cumplía el Centro de Salud colectivamente o no. Quiero decir, que si tal o cual centro no cumplía tal objetivo en cuanto a tal medicamento caro, reunión al canto, en la que se exponía negro sobre blanco que ese dinero que TODOS dejan de ganar, se debe a aquel que no cumple y que nos chafa la media global. Como lo oyen. Entre compañeros – técnica estudiada, por cierto -. ¿Que miento? Pregunten, y me desmienten, aquí abajo. No elimino ningún comentario. Y además, así aprendo.

A los hospitalarios, además, les funcionan otras presiones. Distingamos entre clínicos y quirúrgicos. Los últimos, blanco fácil: los echas del parte de quirófano y, en dos años, “pierden las manos” (pierden práctica). A pasar por el aro. Los clínicos, les quitas sus monográficas (áreas de interés), donde han estado décadas concentrando experiencia y dedicación, y donde se han labrado un prestigio locorregional, nacional o internacional. A pasar por el aro. Es tan simple, que da risa.

Y todos, distinguidos en dos categorías: con plaza en propiedad o sin ella. Con plaza en propiedad, aplíquese lo dicho en los párrafos precedentes. Sin plaza – interinatos y precariedades diversas –, aplíquese sonrisa beatífica y “ya nos veremos”. Por ejemplo, la historia de César Ramírez. “Y no lo cuentes, que te tengo vigilado”. No es un caso, ni dos. Es un concepto peculiar de los Recursos Humanos, aplicado a la medicina pública.

Un sistema para tenerlos a todos callados y obedientes, para ocultar deficiencias, ahorrar, y mirar hacia otro lado. Un ejército articulado de mandos intermedios elegidos bajo la condición inexcusable de la lealtad a la causa – por cierto, ¿qué causa? – y la destreza en el manejo de “situaciones difíciles”. Y, en breve, una Ley de alcance autonómico que blinda y santifica todos estos procedimientos bajo un lenguaje élfico y seráfico, cuyos dobles sentidos son cuchillas mortales para los no avezados.

Es un tercio del presupuesto autonómico, la Sanidad Pública. Demasiado cara, para estar en manos independientes. Enteraos ya, niñas y niños del catorce en selectividad: las cosas NO van a cambiar en Andalucía. Bienvenidos a una forma de ¿dictadura? particularmente refinada. E inamovible. ¿Queréis ejercer aquí, en vuestra tierra, junto a los vuestros? Preparaos para pasar por el aro. No digáis luego que nadie os advirtió. Ni os justifiqueis inútilmente diciéndoos que pensasteis como yo – iluso -, que las cosas podían cambiar. Cambiaron sí, pero a peor. Jamás pensé en verme escribiendo esto. Ni lo que sigue.

@frelimpio

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K.O.L. Líder de Opinión, novela de Federico Relimpio:

“Un libro sobre el mal hacer médico, la corrupción y la manipulación […] Muy bien escrito, engancha, tiene el tono correcto y permite observar la escena desde varios ángulos, lo cuales muy enriquecedor. Destila crítica, pero sutil y profunda. El final, como recordatorio de la esencia de la medicina, es bestial. En resumen, un libro sublime, una pequeña joya muy recomendable para cualquier médico. Debería ser de lectura obligatoria en las Facultades de Medicina.

Comentario de Mónica Lalanda en Amazon.

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