Como todos los años, la subida de las temperaturas nos va anticipando el triste recuerdo del dieciocho de julio. Tranquilos, sé que a estas alturas tienen algunos una sobredosis de memoria histórica y otros muchísimos asuntos más importantes de qué ocuparse. Les voy a molestar bien poco, si estas líneas alcanzan la suficiente prioridad entre las múltiples cartas que llegan a los diarios. Les hablo de Sevilla y de su verdugo. Traidor a Primo de Rivera, al Rey y a la República. A todos sus juramentos. Puede que alguno recuerde aún horrorizado u horrorizada sus célebres charlas radiofónicas. No creo que merezca la pena glosar más sus hazañas: el mismo Franco se lo quitó de en medio por lenguaraz, mandándolo a una misión fantasma a la Italia de Mussolini de la que volvió por la puerta de atrás para sumergirse en sus actividades privadas, previas a la muerte.


No les ocuparía ni un minuto con esto si no fuera porque un prócer de tal calibre goza de un panteón de honor precisamente allí donde radicaron la mayor parte de sus crímenes, en el barrio que tiño de sangre roja queriendo dejarlo limpio de rojos.
Cumplido ahora el setenta y cinco aniversario de su heroica gesta, en esta Sevilla de la reconciliación, de la paz y la democracia, creo que es de justicia pedir un simple gesto a quien tenga potestad para ello. Pido que el Ayuntamiento de Sevilla, reunido en pleno, reconozca que el dieciocho de julio fue el inicio de una tragedia nacional y especialmente local. Pero que aquí tuvo una figura responsable. Pido que el Ayuntamiento de Sevilla, reunido en pleno, solicite a quien tenga potestad para ello, que los restos mortales de Gonzalo Queipo de Llano y Sierra sean devueltos discretamente a sus familiares o descendientes para que se les dé sepultura donde ellos decidan, pero no en un lugar tan significado como en el que ahora reposan. Y, dada la magnitud de los crímenes cometidos, creo de justicia pedir unanimidad en este pleno, pues no encuentro resquicio argumental o escapatoria que pueda justificar una media palabra o una abstención en este caso al no tratarse de una valoración política o histórica de los hechos, sino simplemente retirar de un lugar de honor al directo causante de tanta desgracia.


Sígueme en twitter, si quieres: @frelimpio
Si te gusta, comparte y sígueme
0