22 de mayo. Tomo prestada la frase de Wyoming: “ya conocen las noticias; ahora le contaremos la verdad”. Y la noticia es que Pedro ha ganado.

Silencio, digo. Silencio a cierta prensa, y a quienes la sostienen. Silencio a los arúspices que han venido vaticinando el fin de los días y el advenimiento de un nuevo treinta y seis, nada menos. Silencio a los agoreros de palabra y de pensamiento. Silencio a los que no tengan nada en la boca para mejorar el silencio. Se impone, pues, un período de reflexión colectiva, y reescribir el relato. Pero, sobre todo, dejar muchas páginas en blanco para lo que nos queda por escribir, todo lo que nos queda por delante.

Lejos de mí recapitular años y meses de lucha interna en el partido socialista. Para ello, me remito a plumas mejor documentadas. Lejos de mí también situarla en el contexto del hundimiento de tal o cual partido socialista de casi todos los países de nuestro entorno. Gente de larga trayectoria en el menester ya se ocupan de ello, y no añadiré yo una coma mejor informada.

Y si no queda nada mejor que decir, ¿Qué puede añadir uno, que algo de interés tenga?

Hay tesituras en las que es mejor apagar el ordenador, y esperar a ver. No emitir una palabra imprudente o poco respetuosa. Pese a todo, añadiré unos párrafos para subrayar que lo sucedido tiene un calado social que excede a la dinámica del propio PSOE.

Les aburro si reitero que en estos meses hemos visto morir y renacer a un líder que ahora lo tiene todo por decir y por hacer. Un líder casi muerto y enterrado a manos de la curia de su propio partido. Una curia que, en esencia, admite un parecido con otras curias, complejos sanedrines que lo han sido casi todo en la vida de los grandes partidos que han dominado la vida política reciente de este país. Un oficialismo que va más allá del BOE – o BOJA – y del Parlamento, y que extiende sus tentáculos, y los entrelaza con las finanzas y los medios hasta llegar a cada ayuda o convocatoria, ya se trate de concursar para fontanero de ayuntamiento o una simple licitación de obras.

Hemos asistido en estos meses a un curioso espectáculo mediático: a Pedro Sánchez se le acusó de antipatrias, de pactar con el independentismo de Parla o de Castellar de la Frontera, de judaizar en secreto, de asistir a misas negras y de peregrinar al Valle de los Caídos, donde el criptofascista saludó brazo en alto frente la tumba del generalísimo y de Primo de Rivera. Un día gaseaba discapacitados y al siguiente prefería comérselos vivos. Y a la semana pactaba con los moros la entrega de Ceuta y Melilla y, ¿quieren más?…. ¡Andalucía entera!

Pecado mortal: convertirse en el “monstruo de Frankestein” o en aprendiz de brujo. Querer pensar y obrar por su cuenta, sin respetar más líneas rojas que las que él mismo trazara. Daría sus bandazos, sin duda, pero eran los suyos, no los “sugeridos” por los hilos que tendrían que haber guiado sus palabras, pasos y actos, como una triste marioneta política. Se atrevió a decir sus verdades. Ciertas verdades inoportunas, en cualquier caso. Como que usted, don Mariano, es un tipo indecente, indigno de presidir, dirigir y representar a este país, mal que las cifras macroeconómicas le empiecen a acompañar. Que lo harán, sin duda, para beneficio de los de siempre, que los otros de siempre se seguirán arrastrando por ahí abajo, pese al IBEX y sus once mil. Que no nos hable usted del PIB – que también -, sino de empleo de calidad o de porcentaje de españoles en el umbral de la pobreza. Un poné, como decimos por aquí abajo.

Pedro Sánchez – y otros – consiguió, poco a poco, poner en evidencia la principal defensa de Rajoy: que cloaca con crecimiento económico, cloaca apestosa se queda. Indecencia enriquecida, en todo caso. “Váyase, señor Rajoy”, dijo alto y claro en el debate, subrayando cuál era la diferencia con la parte contratante de la segunda parte. Y el motivo no es baladí: limpiar el país del cáncer que lo avergüenza. Porque con corruptos – o con prevaricadores, o malversadores – no se va ni a recoger crecimientos de un 3% del PIB. Que vete tu a saber si son verdad y quiénes se lo embolsan.

Y por parte contratante, a ver si Susana se da cuenta de que no es más que vejez prematura, viejo PSOE, queso rancio, sonrisa falsa, “no mientas, cariño”… Pues eso: estás de más, cariño – también en Andalucía -, usando tus mismos epítetos. Y, volviendo más arriba, a ver si los otros – PP, Rajoy – se dan cuenta de que lo ocurrido tiene un calado social y político, que se les aplica del mismo modo. Que les faltan tres cuartos de hora para que gente nueva en su partido – o en un partido nuevo, en la misma derecha, centro-derecha o como les quieran llamar – se levanten y tiren de la cisterna. Esa, y no otra, es la lectura que hago de este 22 de mayo.

Que no es Susana o Pedro – que también, por supuesto -. Ni PSOE sí o no, o PSOE partido o unido, o PSOE con futuro o sin él. Es el triunfo de gente con ganas de decencia, representadas en un proyecto colectivo. Gente indignada, que desfila por mi novela “Bajo su Piel Tatuada”. Hartos todos de cinismo, hastiados de justificar la bajeza moral, las miserias íntimas, la falta de ideas o de proyecto. Pero que tienen muy claro el mensaje de George Orwell en “1984”:

“If there’s any hope, it lies in the proles.”

(Nota: admite varias traducciones, según el contexto. Permítaseme que lo deje en blanco).

Federico Relimpio

Bajo su Piel Tatuada

@frelimpio

Descubrir un país Bajo su Piel Tatuada (clicar aquí)

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