Machácalos, España!… Tranquilos, que no voy a hablar de la roja. No me ha dado por ahí.

En estos días nos ha sorprendido a muchos – gratamente – la excelente valoración externa de nuestro Sistema Nacional de Salud. En algo podemos dar lecciones al mundo. Así que, aquí esta uno, a describir alguno de los ingredientes.

En primer lugar, se necesita un terrible desempleo juvenil, prolongado en el tiempo. Una tierra sin trabajo ni esperanzas, donde sea difícil colocarse, fuera de empresas familiares o del mundo de la política – la paralela, que le decimos en el régimen de Susana Díaz, en Andalucía -.

Segundo, en el contexto anterior, dirige a las niñas listas a las profesiones sanitarias. Niñas, sí – que me maten las feministas -. Y me explico – sociología manda -: más estudiosas que los niños. Y no les gusta emigrar – en general -; se mueren de la pena. Prefieren que las machaquen – qué pena -.

Tercero, elimina o retrasa las oposiciones. Crea una buena bolsa de paro. Tú trabajas, tú no. Tú, un finde, aquella de más allá, tres días, a setenta kilómetros. Y la que diga que no, castigá, un año sin llamarla. Que se vaya a la privada, a enterarse de lo que es explotación de verdad. A manos de una jefa, a cara de perro. O de un jefe, da igual.

Recapitulamos: a besar manos y sonreír, sonreír siempre. Al de arriba y al de enfrente, se les ocurra lo que se les ocurra. Y a pedir perdón siempre, aunque sea porque el paciente no encontraba aparcamiento o porque nadie le cogía el teléfono para cambiar la cita. O por el calor o el frío que hace en la sala de espera. Todo es culpa tuya. O como si lo fuera, da igual. Si se cae el sistema informático o si la administrativa tiene fiebre, y no vino. O si se averió uno de los ascensores, y hay que esperar. Todo es culpa de una. Se atiende con un disculpe, a modo de buenos días. Porque si tú no sabes lo que falla, el usuario sí que lo sabe, por eso trae cara de pocos amigos. Y, al final del día, a la reu con la jefa. Otro disculpa – no se acostumbra el usted, en estas distancias tan cortas -. Porque si tú no sabes en qué la cagaste, seguro que la sargenta lo sabe, por eso la cara de hostias. O la cara de la que huele basura. Porque eso es lo que es una: basura. Basura sin reciclar. Basura pútrida en todo caso.

Un alto en el camino: ¿Que exagero? Pregúntele a la juventud, oiga. Paren un momento y pregunten a cualquier R2 o médica recién egresada de la residencia. O a cualquier enfermera recién concluida la carrera. Y si no les gusta el mensaje, no ahorquen al mensajero, por favor. Como mi compañera, que tomó por costumbre llamarme quejica o negativo, hasta que le hice la reflexión del número de años que ha estado de contrato basura o de interina. ¿Me quejo por mí? No, mi amor. Me quejo por tu puteo. Y encima te metes conmigo. Hasta ese punto llega el síndrome de Estocolmo en Andalucía. Y ahora, proseguimos.

Digo que una buena de caldera de gente en precario es el caldo de cultivo ideal para tenernos a todos con sueldos bajos – comparativamente con los países de nuestro entorno -. Con una autoestima por los suelos. Pensando en que nos regalan el sueldo, básicamente. Una desmovilización crónica interiorizada. Otro día les cuento cómo fue y en qué terminó la última gran huelga médica en España. Una vergüenza. Escaldados todos. Todos los médicos.

Estos son los mimbres para construir un Sistema de Salud Pública reputadamente eficaz y eficiente. Ríanse de todas las doctrinas de RRHH habidas y por haber. Veo hoy a jefes de Unidades de Gestión Clínica que hace dos días negaron ardorosamente el derecho de los residentes a la libranza del saliente de guardia. El castellano tiene un calificativo para ello: “negrero”. Prontito se olvidó el nota de los sudores de la residencia – no tan lejana, por cierto -. Yo no me olvidé, y tengo cincuenta y dos. Ríanse de las palabras motivación, colaboración, implicación y esa larguísima retahíla al uso. Boquilla, nada más; ya se ve.

El secreto español entronca bien con los usos y las costumbres imperiales en las minas del Potosí o con la añeja tradición de los encomenderos. España demuestra al mundo que para hacer un buen Sistema Nacional de Salud solo precisa poner en práctica una política: ma-chá-ca-los. Llévalos al límite. A la extenuación. Niégales todo valor. Suéltales lo de Salud Pública: que la Salud Poblacional no depende de la actividad de los Servicios Sanitarios. A partir de ahí, os pagamos… No sé por qué, la verdad… En el fondo, nos dais penilla… Si lo que hacéis, lo hace cualquiera. Y además, bien mirado, no hace ni falta…

La mejor fábrica sanitaria del mundo tenía que tener un lado feo, ¿Verdad? ¿Duelen mis palabras? Porque la costumbre establecida es empuñar el teclado para ser guay, positivo, constructivo, buenrollista y un largo etcétera. Cito primero a Muñoz Molina: “se puede ser cualquier cosa, menos un aguafiestas”. Y me despido con los versos del mejor Quevedo:

“Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca, y si al alma su hiel toca, esconderla es necedad…”

Si te gustó el post, más te gustará KOL Líder de Opinión, la novela. Porque el Sistema se ideó para ma-cha-car-te, y los congresos son el opio del médico.

Federico Relimpio

@frelimpio

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