Bueno, ya está aquí el día después, aclarada la incógnita: Pedro Sánchez nuevo secretario general del PSOE, victoria incontestada.

Que no quiere decir unánimemente aceptada, que es algo muy diferente.

No me ocuparé yo de aspectos de calado relativos a líneas doctrinales de la política en general, relaciones con otros grupos parlamentarios y relaciones internas, que serán el objeto de un cuidadoso escrutinio en los meses venideros. Por lo mismo, y dado el brete en el que se encuentra el partido en el momento actual, no dudo que la dirección entrante se tomará su tiempo para pactarlos, trazarlos y comunicarlos.

Como andaluz, me interesa de modo especial el estado de las relaciones entre el nuevo secretario general del PSOE y la actual secretaria general del PSOE de Andalucía y presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz.

Al hecho de ser esta la gran perdedora de unas primarias presentadas como una confrontación personalista y tensa se une otra circunstancia de consideración: el ser la candidata del aparato y, por así decirlo, de una época. La hija política natural de los retratados alrededor de la tortilla del pinar, captada por mi amigo Manolo del Valle en los años setenta. No en vano Susana nació en el 74.

No cabe la menor duda de que Susana es el epítome de un modo de ser y sentir PSOE. Una opción preferente para el aparato y para gente que fue muy importante en un momento dado, pero que no es en modo alguno la opción de la militancia hoy. Salvo en Andalucía, claro, donde retiene el apoyo de dos tercios de esta militancia.

El domingo aciago, Susana manifestó que su victoria en Andalucía se debe a que es acá donde se tiene experiencia de sus políticas socialdemócratas. Sin embargo, a muchos se nos antoja que el argumento es falaz. El hecho de que acá – como en otros lugares – tuviera más avales que votos apoya la tesis de los avales cautivos y los votos libres. Y respalda el argumento de la existencia de un régimen clientelar – palabra tabú, para muchos –, cuyas peculiaridades se van desgranando a medida que avanzan las distintas causas que la Junta tiene pendientes en tribunales de Justicia.

Son estos algunos de los argumentos del sanchismo andaluz. Además del propio carácter de Susana Diaz, cuyo ascenso estuvo plagado de sombras de puñaladas y gestos de dudosa elegancia democrática, como las treinta y dos gestoras. No vale todo, Susana. Ni dentro del partido, ni fuera de él.

Sin embargo, lo que de nuevo nos venga a proponer el líder renacido nace lastrado por este régimen peculiar de casi cuarenta años de duración – dentro de poco, más longevo que el franquismo -, y que hoy por hoy preside y dirige con mano de hierro la que ha sido su principal competidora y rival por las riendas del partido.

Animo a cualquier alma progresista a ver en qué se ha convertido lo que comenzó como un proyecto de ilusión y progreso a principio de los años ochenta. Varias décadas después, podemos disecar una Andalucía átona, exangüe, maniatada y amordazada, a la cola en casi todos los indicadores socioeconómicos relevantes, y en divergencia progresiva con el resto del territorio del Estado. Ya no es válido el argumento del abandono secular del franquismo y la herencia recibida, ¿No les parece? Tampoco es válido el argumento de los efectos de la crisis y los recortes de Rajoy: la divergencia y el empobrecimiento estuvo presente con crisis o sin ella, con gobiernos centrales del PSOE o del PP. La única nota invariable a lo largo de décadas es el gobierno del PSOE de Andalucía. Esta versión del PSOE, claro. La de Susana. La versión cuyo liderazgo y cuyos actos recientes acaban de ser rechazados por la militancia española el 21 de mayo de forma mayoritaria.

Con este lastre adherido a las siglas deberá presentarse Pedro Sánchez a elecciones generales. Sobre ello caben – entre otras – la siguientes consideraciones:

Para unas generales, la papeleta es única en todo el territorio, indistinguible en la práctica, mezclando churras con merinas, Pedro con Susana. Susana con su régimen. Régimen que nos seguirá dando titulares por el hartazgo de la ciudadanía, hasta el moño de sus problemas sanitarios y de toda índole, y de una larga serie de corruptelas. Titulares que recogerán sin duda los paseíllos frente a los tribunales, y las declaraciones posteriores. Hay ahí muchísimo acumulado, que treinta y muchos años dan para volúmenes completos de la Espasa. Y la Justicia es lenta, pero implacable.

Susana no está conforme con recién votado, nada más hay que verla. Y, cual Catilina, planea su venganza. Aquí abajo la conocemos bien, pérfido el carácter, afilada la navaja. En meses, Rajoy convoca generales. Y el régimen andaluz – bajo la mano firme de Susana – sigue siendo el granero de votos del PSOE. Aunque no sea esta la militancia que haya elegido al nuevo secretario general. Ya puedes hacer palmas con las orejas, Pedro, que si Susana y los suyos – que llegan hasta la última casa del pueblo de la última pedanía de Andalucía – se ponen de lado, el sorpasso está asegurado. Será el momento dulce de Susana. Al ataque de nuevo.

Claro que… A la virreina podrían no salirle bien las cosas. Porque el tablero de ajedrez es bastante más complicado. La sátrapa del Sur acaba de demostrar que su manejo de los tiempos no es tan diestro como parece, que carece de buenos consejeros – los que te dicen las duras verdades – y que, por ello, puede sufrir derrotas severas.

El régimen tiene mala fama, fuera y dentro. Huele mal, y no lo disimula con la cloaca madrileña. Y peor que va oler, cuando empiece la fase oral de los procesos. En el contexto de un probable adelanto electoral, es posible que Rivera quiera tomar distancia, con esta excusa o la otra, dejando a la sultana en el alero y forzando a unas anticipadas en Andalucía. Donde a Susana no le vendría bien – digamos – que Pedro se pusiera de lado. Porque entonces, cabe la remota posibilidad de que ni régimen, ni nada. Y ahí, la culpita es solo tuya, como dice la copla. Y de San Telmo, derechita a Triana, que solo es cruzar un puente. A la tumba política, como sugería ayer el malvado del Wyoming.

Un juego de tronos terrible donde el PSOE se juega su supervivencia como proyecto político, y muchos en Andalucía se juegan su supervivencia económica. Creo que la salida viene por la Democracia y el Pacto, ambos con mayúsculas. En un tiempo nuevo, se acabaron conciliábulos y banderías. Cada vez más difícil engañar a la militancia o a la ciudadanía. Proyecto y programa, y generosidad. Época, pues, para desmontar yoísmos infantiles, regímenes clientelares y madejas caciquiles, y sustituirlos por propuestas transparentes y evolucionadas.

¿Ingenuo? Pues vale… Lo prefiero, ¿Saben?

Federico Relimpio

Bajo su Piel Tatuada

@frelimpio

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