Obesidad. Ese es el problema. Una verdadera cuestión de peso. Viene asolando prácticamente al mundo entero, salvo algunos lugares maltratados por la guerra y el hambre. Ya no es una peculiaridad de los Estados Unidos. Ni de Occidente. Afecta seriamente a China y México, por ejemplo. Cada país que se pacifica y conoce la industrialización sufre de gorduras y sus consecuencias. Y sin diferencias “genéticas” ostensibles.

Tras la obesidad, sus correlatos o consecuencias. La diabetes, y mucho más. No profundizo en detalles, porque se trata de todo un capítulo. Un capítulo, que es la ruina de los Sistemas Sanitarios y un freno para los indicadores de Salud. Y, en el fondo, para el Índice de Desarrollo Humano, que es un compuesto de muchas otras cosas.

Antes de la obesidad, un modelo social. Un modelo erróneo, según estamos viendo. La especie humana, que se relaciona de una determinada manera con su entorno, y desarrolla modelos concretos de ser y de enfermar en esta etapa, que podríamos llamar postbélica en muchos lugares del globo. Excede también del propósito del artículo el análisis de conjunto de conductas sociales – alimentarias y no alimentarias – que nos llevaron a la pandemia de obesidad global. Es complejo, y no pasaría de conjetura. Nos quedan, pues, los hechos.

Lo terrible de lo anterior es que sufrimos y morimos de una enfermedad sociosanitaria malinterpretada por muchos como glotonería y pereza, cuando no es realmente así. La obesidad y sus correlatos van asociados a la pobreza – si bien todos conocemos notorias excepciones -. De este modo, es urgente subrayar que la culpabilización del paciente obeso es injusta y contraproducente. El individuo no elige su extracción social, ni el modelo socio-alimentario en el que se ve inmerso. Su lucha denodada contra el estigma de los kilos suele producir resultados temporales, para su desesperación. Mucho de ello viene descrito en la cuarta parte de mi novela “Bajo su Piel Tatuada” (picar aquí), titulada, para más inri, “Cuestión de Peso”.

Todos los indicadores de que disponemos son pesimistas, a este respecto. Las medidas adoptadas por algunos gobiernos para abordar, por ejemplo, la ola imparable de obesidad infantil – predictor significativo de obesidad adulta – parecen tener unos efectos limitados. Atenuar la ola poblacional de sobrepeso y obesidad se antoja una tarea global, ardua, y a largo plazo. Los esfuerzos tendrán que ser forzosamente pluridimensionales, afectando, entre otros sectores, a la regulación del sector alimentario y la urbanización de las ciudades. En cualquier caso, la mayor parte de la actuación se situará fuera de los consultorios médicos y hospitales, lugares donde clásicamente hemos percibido el mayor impacto del problema, resolviendo realmente poco.cuestión de peso

Sin embargo, en las últimas décadas, incluso esto último se ha puesto en cuestión. Los procedimientos quirúrgicos en obesidad mórbida – las formas más graves de obesidad – hace mucho tiempo que superaron la fase experimental para instalarse en la rutina clínica y en la medicina basada en la evidencia. Sus indicaciones están ya bien establecidas en las Guías de Práctica Clínica comúnmente aceptadas en todo el mundo.

Ello no quiere decir, no obstante, que estos procedimientos estén libres de riesgo y se indiquen con ligereza. Al contrario, su indicación debe ser estimada con delicadeza por personal experto, valorando pros y contras, sopesando el perfil psicológico del paciente y otros riesgos. Las técnicas pueden variar, dependiendo de las circunstancias del paciente. Este debe ser finamente evaluado antes y tras la operación, para evitar una serie de complicaciones. Realizado todo esto según lex artis, están documentados una serie de cambios beneficiosos en la historia natural del paciente, en la supervivencia y en sus complicaciones. Es así como se describen “curaciones” de la diabetes y el cese del tratamiento con insulina – y no en otro contexto -.

Lo dicho anteriormente nos sitúa ante un delicado problema de gestión en Sanidad Pública. Lo comprobado de sus beneficios, asociado a la ola de obesidad mórbida ha disparado el número de indicaciones de cirugía de la obesidad y, por consiguiente, el alargamiento de la lista de espera, que puede llegar hasta tres o cuatro años en Sanidad Pública, en el medio en el que vengo a desarrollar mi trabajo.

Debe decirse que tres o cuatro años en obesidad mórbida no es algo baladí. Son tres o cuatro años con ciento treinta dos kilos – por ejemplo -. Con diabetes mal controlada – con frecuencia -. Tres o cuatro años de evolución de una artrosis progresiva de rodillas y caderas. Y muchas otras complicaciones que empeoran y que no voy a citar. Quiero decir, con esto, que el paciente está mucho más enfermo y tiene más riesgo quirúrgico tres o cuatro años después.

No es posible continuar esta nota de un modo realista sin citar que la medicina privada permite a un paciente y sus familiares saltarse de un plumazo estos tres o cuatro años – previo pago de 18000€ –. Cabe deducir, por tanto, que la lista de espera en cirugía de la obesidad constituye un agravio de desigualdad contra aquellos que no se la pueden pagar. Gente que, con frecuencia, pertenece a los estratos menos favorecidos. En una tierra – Andalucía Occidental – que, en España, concentra los máximos epidemiológicos de obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedad cerebrovascular. Y, por cierto, las rentas más bajas de España. Datos bien contrastados, disponibles para todos.

Antes de concluir, subrayo que tengo que dejar la razón donde está: la solución adecuada es analizar y deconstruir un modelo sociosanitario mórbido. Es lo suyo. Pero, desgraciadamente, tardaremos en el empeño. Mientras tanto, ahí tenemos a los pacientes. Y ahí, en las Guías y los estudios, una solución. No es perfecta, pero vale. Digan, pues, nuestros responsables sanitarios, hasta qué punto están dispuestos a priorizar estas vidas, estos sufrimientos.

P.D.: (el que esto escribe trabaja en exclusiva para el Servicio Andaluz de Salud desde hace más de dos décadas).

Federico Relimpio

 

«Federico Relimpio tiene algo especial en su pluma, en su estilo, pues describe situaciones extremas con una elegante, perfecta y fantástica ironía» por @Judesty, en su reseña acerca de “Bajo su Piel Tatuada” (picar aquí)

frelimpio

Si te gusta, comparte y sígueme
0