Los que no sepan aún del caso Bawa-Garba, les remito al excelente resumen redactado por Juan Gervás.

Brevemente – me corrigen abajo, si malinterpreto -: Hadiza Bawa-Garba, residente de Pediatría en el Reino Unido – nigeriana, musulmana y de hiyab, para más inri -. 2011. En guardia terrible y en las peores condiciones de trabajo, se le muere un niño. Cinco años después, la condena. La peor: inhabilitada de por vida por el GMC (General Medical Council) y el Tribunal Supremo. Lo acabamos de saber. El resto, ola de manifestaciones y editoriales.

Cabría decir, ante esto, que son cosas de los ingleses. Corto aquí, y se acabó el post. Hay todo un canal de la Mancha de por medio, y por si fuera poco, dentro de un año no estarán en la UE. Por algo conducen a la izquierda y miden la distancia en millas. Sin embargo, me parece que mal haríamos en tomarnos el caso tan a la ligera.

En su momento, el NHS fue el inspirador del nuestro, y sus dificultades tienen un paralelismo aquí. No es este el lugar, ni tiene uno la capacidad de ver hasta qué punto nos parecemos a ellos y cuándo dejamos de hacerlo. Pero sí que he seguido periódicamente sus problemas, como sigo y padezco las nuestras – desde dentro del Sistema y desde fuera -. Me parece, pues, de lo más oportuno que, tras la oportuna lectura de los pormenores del caso, traernos a colación lo que se nos aplica.

Primero, que tanto aquí como allí ha habido restricciones presupuestarias y de personal. Tanto aquí como allí se ha permitido el trabajo asistencial en condiciones precarias e inseguras. Masificación, fallos informáticos, uno para el trabajo de tres, y mil cosas más que hemos venido denunciando puntualmente todos estos años. Dejo para otro lugar la factura en salud que paga el profesional sanitario – no le interesa al público, y mucho menos al responsable sanitario -. Como si se muere en el intento, de un infarto. Se repone, como si fuera un tornillo, y p’alante. El problema para todos es cuando el Sistema se hace peligroso. Punto de no retorno.

Sistema peligroso. Eso pone de manifiesto, el caso Bawa-Garba. Y en ello somos iguales, españoles y británicos, mal que le pese al tontovaina de Chris Haslam. Te la juegas en urgencias, y de eso escribí hace poco. Los famosos recortes llevan al Sistema al límite, o eso se desprende del cuidadoso análisis del caso Bawa-Garba. Lo mismo que vivimos en las urgencias de los hospitales de Andalucía, y algo parecido a lo que se vive en los consultorios de Atención Primaria, a paciente cada cuatro minutos. El caldo de cultivo ideal para los errores de bulto. Errores que, luego, se van a achacar al profesional, por completo. Cuando se siente en el banquillo, más solo que la una, sin palabrería sistémico-política que lo acompañe.

De lo visto en el caso británico, el sistema administrativo y judicial ha actuado con rigor, haciendo repercutir pesada e individualmente sobre la desgraciada residente todos los errores cometidos en aquella guardia infausta. Sin considerar para nada el caos organizativo en que la pobre mujer tuvo que desempeñar sus cometidos. Nada. Sin atenuantes. Expulsada de la profesión. Para siempre. Un verdadero chivo expiatorio para tapar las vergüenzas de los gobernantes de un país que no asumen delante de sus ciudadanos el abandono del NHS. El punto más tenso, siempre: urgencias o atención primaria. El flanco que se suele cubrir con personal inmigrante, por cierto. El punto más débil: el residente, sobre todo si es inmigrante, sobre el que pesa siempre la precariedad. Pórtate bien y cállate, aunque lo que veas sea feo-horrible. Aguanta lo que sea sin chistar. Aunque el Sistema sea una patera a punto de zozobrar. No importa, así lleva décadas. Seguro que aguanta una guardia más.

Sin embargo, los rígidos ingleses del GMC han traspasado probablemente la gota que colma el vaso, en la época de las redes sociales – que es la novedad, verdaderamente -. Hoy, todos los médicos se sienten vulnerables, y no solo en el Reino Unido. Cada vez que se sienten frente a un paciente, cada vez que miren un análisis o una radiografía, cada vez que tomen una decisión, notarán el peso de muchos años de estudio y sinsabores, y los verán en la cuerda floja. Todo al traste por un mal día. Una mala guardia.

 La decisión británica, hoy, ha metido el miedo en el cuerpo a cientos de miles de médicos en todo el mundo. Ello conlleva dos repercusiones inmediatas: por una parte, el inevitable auge de la medicina defensiva. Que no es, como muchos piensan, una práctica deliberada para el blindaje legal. Es tan solo una práctica atemorizada, consecuencia inevitable de pensar que, hoy, en esta guardia, serás fatalmente víctima de la Ley de Murphy, y de considerar que, para el cínico Sistema, solo eres un tornillo reemplazable. Medicina defensiva que llevará – y es la segunda repercusión – a los puntos más sensibles del Sistema a un atasco progresivo, donde probablemente se multiplicarán los eventos fatales, en un círculo vicioso de difícil remedio.

Todo lo cual va a acentuar con toda probabilidad las dificultades financieras de nuestro Sistema de Salud, llevándolo a un punto crítico. Una profesión condicionada por las condenas enlentecerá un Sistema que ya estaba al límite con más pruebas que, a su vez, generarán más hallazgos incidentales, más costes y más iatrogenia. Más inseguridad. Imaginen una mala guardia en pico estacional, el año que viene, en manos de residentes que se niegan a dar altas, aterrorizados por la posibilidad de una mala evolución del paciente, y una denuncia que acabe con su vida profesional. Imaginen una sucesión de malas guardias colapsando hospitales, causando ceses en cadena de nuestros superpolitizados servicios de Salud, en época electoral. ¿Que exagero…? Que no lo veamos.

El precio de equivocarse de diagnóstico de situación es terrible. Si, ante el caso desgraciado, el diagnóstico, por parte de los poderosos, fue de mala práctica o negligencia profesional individual, cuando tenía que haber sido cinismo, mala organización y mala asignación de los recursos, se estará dando pie a una ola gigantesca cuyo final será la abrasión del Sistema y el sufrimiento consiguiente de millones de ciudadanos. Claro que esa ola cogerá bien al resguardo a aquellos que la propiciaron.

Federico Relimpio

 

 

 

Libros de Federico Relimpio

@frelimpio

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