El M.I.R. – o E.I.R., que se dice ahora -. Tal es el tema. Ya fue, el examen. Ya pasó, por fin, un año más. Es noticia nacional, y tiene por qué. Ahí está todo, lo acabo de decir: porque es noticia y porque es nacional. Y me explico.

Es noticia. Sí que lo es. Es de lo poco justo y bueno que ha sabido hacer este país, calcadito de otros países. Permite que, una vez año, rigurosamente y sin retrasos electorales o conveniencias partidistas, se convoque a cierta élite.

Digo cierta élite, y subrayo la expresión dos veces, que no me duelen ciernes, que no le duelan a nadie. Los que se presentan – mejor dicho, las que se presentan, mayoría mujeres – pasaron una criba fortísima de entrada, nota en selectividad superior al doce y medio, y seis años de flexo, apuntes, powerpoint y pdf. Échale codos y paciencia. Terminas, y no sirves para nada. Necesitas esto, el M.I.R. Doble empollada, pues, para terminar en la trinchera de las puertas de urgencia, donde usted los verá, dentro de tres meses, carne trémula. Sus seis años no le aportaron enseñanza práctica. Pero el primer día, usted les exigirá toda la responsabilidad. Élite digo, donde las haya, en un país que élites no quiere, ni las recompensa. Al país, le recuerdan que no somos, en general, un país de la élite internacional. Aunque criemos ciertas élites por las que otros pagarían en lo que valen.

Lo primero es que es noticia. Y lo segundo, que es nacional. Fíjense, con lo que ha caído, a los indepes de aquí o de allá jamás se les antojó hacer su propio M.I.R. Nunca. El M.I.R. no tiene fronteras dentro del Estado Español. Porque es libre mercado del talento, para el beneficio de todos. Es de lo poco que sigue siendo nacional, en el buen sentido de la palabra, a lo poco que se siguen presentando gentes del extranjero – con limitaciones variables, según el año -.

Aquí se acaban las loas, y empiezan los matices. En general, sostengo que los estudiantes escogen estudios muy precozmente en sus vidas. A los dieciocho, nadie sabe realmente de qué va la Medicina, y cómo va a condicionar el cerebro y la vida de uno, a los cincuenta. En muchos casos se elige así, al tuntún, con mucho House y mucha Anatomía de Grey en la cabeza, sin saber de qué demonios va, realmente, y de qué va aquí, donde se va a ejercer.

Se encuentra una o uno en una Facultad de la que mejor les hablo otro día, que hoy le toca al M.I.R., que es el tema. Y ni siquiera el M.I.R. como programa formativo, solo algunos aspectos. Todo esto da demasiado de si. Lo escribo en la conciencia de que ya me hubiera gustado a mí, a mis 23, tener a disposición una serie de artículos como este, que me hubiesen dado algo de luz a mi elección, que no hubiese sido ciega, como fue la mía, engañado por los cantos de sirena de una época en la que se nos prometía una modernidad y un futuro que en eso quedaron, en una promesa desleída.

Porque, cuando uno termina sus larguísimos seis años de empollada, más los que sean para estar en situación de decidir, tiene que saber dónde, y sobre todo qué. Hará bien en confirmar que lo de House y Anatomía de Grey son burdas mentiras, no aplicables en nuestro medio. Que, independientemente de que se te apetezca ser clínico o quirúrgico, o que te guste la radiología o la anatomía patológica, hay una serie de circunstancias que debes de conocer antes de darle a un botón que va a condicionar – este sí – tu existencia a largo plazo.

Primero, no te vendría mal contactar con los residentes de la especialidad de tus amores en el lugar concreto que deseas, si ves que tienes opciones. Si te llega la noticia, huye de los jefes psicópatas o del mal rollo institucional, demasiado ubicuo por la piel de toro. Pregunta también por los adjuntos recién egresados y sus situaciones laborales concretas. Se es élite, pero menos, si hay un desempleo de narices, y pierdes las manos – si eres quirúrgico – durante los dos años siguientes al salir de la especialidad.

Decirte que las redes son importantes para el contacto, pero que nada suple al café y al cara a cara. Porque miedo hay, qué quieres que te diga. Nadie va a dejar nada por escrito. Y si tal o cual es un hijo de la gran puta que tiene las manos largas, o te hace sacar al perrito, o poco menos, nadie lo va a poner por escrito. Mejor que invites a un cafelillo al que sea, que te lo cuenta si le juras respetar la omertà hospitalaria.

Los grandes hospitales de las grandes ciudades tienen grandes ventajas y grandes desventajas. Las ventajas las conoce todo el mundo y las enumero rápido: prestigio, prestigio y prestigio. Proyectos e investigación – ojo, que en muchos lugares, es más lo que venden que lo que es, en realidad, y lo que es para ti, en particular -. Muchos lugares solo son una máquina de ensayos clínicos – ya verás de qué va eso -. Son grandes hospitales metropolitanos con una puerta de urgencias leñera y conflictiva que te emplea como carne de cañón, eso sí. Ciudades enormes con alquileres y traslados caros, compartiendo minipiso con dos o tres – procura llevarte bien -. Si, encima, tu día a día se ve complicado con los idiomas respectivos del área, te aconsejo integrarte pronto y apuntarte a una academia – entre las mil cosas que tendrás que apuntarte -.

Los hospitales de otro nivel, las antípodas. Es como tu casa, se conoce todo el mundo, urgencias más tranquilas y coste de la vida más asumible. Mejor, probablemente, para especialidades de índole más genérica o para gente que tiene una visión más comunitaria de la vida y de la Medicina. La ciencia viene toda en la nube, y ciertas técnicas se pueden aprender siempre en rotatorios externos que se realizan en los centros del párrafo precedente. Lo importante es saber que, en este país, es muy frecuente que encuentres colocación en la proximidad de tu lugar de formación y que, por tanto, un lugar u otro, un tipo de centro u otro son elecciones de calado.

Termino ya con otro aspecto. No vivimos del aire. Somos personas-humanas y tenemos necesidades. Y proyectos familiares. Quiero decir que tenemos necesidad de descanso, derechos y de un pago conforme a nuestra categoría profesional. No sé si digo algo. A la hora de decidir este lugar o el otro, estamos aumentando mucho la probabilidad de que tal o cual será la Comunidad Autónoma – y la provincia – donde se desarrollará nuestro ejercicio profesional en el futuro. Con lo cual, inconscientemente, estamos decidiendo mucho acerca de nuestra situación futura, cuando ya nuestras necesidades e inquietudes serán diferentes.

Si dije antes que la noticia es que el M.I.R. es nacional, es que el Sistema Nacional de Salud ha dejado de ser eso, nacional. Las condiciones de trabajo varían ampliamente de un lugar a otro. La precariedad, las presiones, los chantajes emocionales, la sobrecarga de trabajo, las amenazas, la periodicidad de convocatorias de empleo, la necesidad o no de hablar un idioma cooficial, todo va a ser terriblemente variable en un país que ya no es país, para eso, y está élite tiene que saberlo antes de darle al botón. También tiene que saber, por ejemplo, que hace treinta años, los sueldos de los médicos se hicieron muy-muy bajos y que el gobierno de Felipe González, para subirlos un poquito, ideó el complemento de dedicación exclusiva, que hoy solo se aplica dura lex en Asturias y en Andalucía. Sépanlo ya los que les vayan a dar al botón para estas regiones: jamás podrán mejorar sus salarios trabajando en la Sanidad Privada – salvo que asuman un importante menoscabo económico -; esto no va a cambiar nunca.

Muchos dilemas, para un simple botón. A algunos, les quedarán pocas opciones. Otros, por el contrario, tendrán muchas y, en el momento cumbre, querrán que ese acto, en apariencia tan simple, no se les venga a la memoria durante toda la vida.

Federico Relimpio

 

 

 

Libros de Federico Relimpio

@frelimpio

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